jueves, 21 de diciembre de 2017

a
Dal

-Ojalá pudiese decirte que es una broma, mi joven padawan- me crucé de brazos y suspiré, pasando la vista de ella al contrabandista
-Así que habéis hablado de mí- dijo, con cierto tono de queja, entornando la mirada
-Era... necesario-
-Necesario ¿eh? No me equivocaba al saber que algo querías de mí para insistir tanto en Kardum-
-Queriamos la nave, Kay. Necesitábamos llegar al templo lo antes posible-
-¿Y qué tengo yo que ver?-
-Eres sensible a la Fuerza. Y eres poderoso en ella. Lo presiento. Quizá con el debido entrenamiento...-
-¿Qué te hace pensar que quiero entrenar, jedi? Si lo que temes es que la use para hacer el mal, no puedes estar más alejado de la realidad. No pretendo usar la Fuerza. No sé usarla... y la detesto-
-Ah, detestarla dices, pero ella te acompaña aunque no quieras- dijo una voz quebrada y pacífica. El maestro Yoda se aproximaba caminando afablemente con su bastón de madera. Su pequeño tamaño llamó poderosamente la atención de Kay y Yuula
-¿Y este?- arqueó la ceja Kaydan -Hm...- reflexionó al instante. Lo pude percibir al igual que él. Estaba sientiendo la fuerte presencia del maestro Yoda, que le sonreía
-Yoda de este maestro jedi es el nombre- dijo sobre sí mismo -Y tú Kaydan, de Kardum, debes ser. Ah, sí. Poderoso en la Fuerza, sí. Hábil con ella, no- le dio un golpecito en la pierna con el bastón -Fuerte en cuerpo, sí. En espíritu, no-
-¿De qué demonios está hablando?-
-Es un placer tenerte aquí, maestro Yoda, pero suponía que tras la reunión...-
-El Alto Consejo hablado ha, maestro Kassel, pero el interés no pierde uno por ello- rodeó a Kaydan despacio, examinándolo -Interesante este muchacho es-
-¿A qué se debe, maestro?- pregunté, intrigado
-Un foco, sí. Un gran faro en la inmesidad de la Fuerza es- entonces miró a Nym -Una esperanza fuerte, como un padawan prometedor, puede ser-
-¿Me estás dando permiso extraoficial para enseñarle, entonces?- noté que Nym me miraba de reojo al decir aquellas palabras. Yoda negó con la cabeza de forma tajante
-Aunque Gran Maestro sea sólo en una asamblea la titularidad poseo. Aquí, fuera del consejo, un maestro más soy y llevar la contraria a la decisión de los demás no puedo-
-Comprendo- asentí
-Hmmm...- gruñó entonces, rascándose la barbilla. Miraba a Nym -Frustración en ti percibo, joven Tana. Dudas, sí, inseguridad. Algo te aflige- la chica negó con una sonrisa. Nym, siempre tan perfecta en su papel de padawan. Aseguró al gran Yoda que todo estaba en condiciones -No, no todo- le sonrió el maestro a la chica -Ganas de saber hacia dónde te llevan tus pasos tienes. A abrirte camino hacia la Fuerza esperas. Y el momento llegará, pero no hoy será. La paciencia será recompensada, joven Nym- la chica se quedó perlpleja ¿Es que le había leido la mente? Lo habría percibido. No. Era tan solo que Yoda era tan anciano y había conocido a tantos padawan y jovenes iniciados deseosos por probarse a sí mismos que lo veía en sus ojos
-¿Hay algo más que necesites, maestro?- añadí, sintiendo cierta tensión en el ambiente
-Sí. Maestros y aprendices partiendo están a distintos puntos de la galaxia. Buscar el origen de la perturbación debemos, sin más demora-
-¿Debemos dirigirnos a algún lugar en concreto?-
-Una llamada de Alderaan hemos recibido-
-¿Alderaan?- sonreí, incrédulo -¿Qué puede necesitar de nosotros la casa Organa? Alderaan es prácticamente una utopía-
-Más poderosa la oscuridad alcanza a las más fuertes fuentes de luz- reflexionó el maestro Yoda -Ir allí e investigar, colaborar con la corona y encontrar el mal que los aflige, debéis-
-Si, maestro- recliné la cabeza respetuosamente ante él
-¿Y qué hay de mí?- Kay miró a Yuula también -De nosotros-
-Le buscaremos a Yuula un lugar donde pueda vivir mientras consigue una nueva vida en la ciudad, si lo desea- comenté afable a la chica -En cuanto a ti... supongo que siempre puedes irte, seguir con tu camino-
-Maravilloso- bufó Kaydan -Venir hasta el templo jedi, hacerme esperar plantado frente a la entrada durante tiempos indeterminados para decirme que me vaya por donde he venido-
-Insatisfacción ¿Hm?- rió Yoda -Que no querías ser entrenado, que odiabas la Fuerza, creí haber oido- se mofó
-N-no es insatisfacción- se cruzó de brazos, a la defensiva
-Kaydan, joven aún eres e inexperto en el poder que posees eres. Peligroso, eso eres. Comprendernos debes, que como guardianes de la paz en la galaxia, de los caminos del Lado Oscuro alejarte debemos-
-El Lado Oscuro ¿eh?- se encogió de hombros -Ni siquiera sé lo que es eso-
-Sí, lo sabes- sentenció con severidad el maestro Yoda -Lo sabes. En tí lo percibo. Luz y Oscuridad, a partes iguales. Conflicto en ti hay- le señaló con un dedo -Y es por tu ignorancia de los caminos de la Fuerza por lo que el conflicto existe. Y en conclicto, por el bien de todos, permanecerás-
-Fantástico- dijo airado. Yoda volvió a sonreir, satisfecho al comprobar que precisamente esa reacción de Kaydan era la muestra de que para él ya era tarde.

No mucho tiempo después, Nym y yo nos preparamos para el viaje. En el templo nos cambiamos con un uniforme limpio tras darnos un baño y preparar cualquier equiaje de emergencia, ya que desconocíamos cuanto tiempo estariamos rondando por Alderaan. Yuula fue invitada por el consejo a permanecer en el templo el tiempo necesario mientras buscase algún oficio que la ayudase a ganar dinero para hacer su vida. Le darían cobijo, comida y ropa decente, que no la denigrara. Para que se mantuviera ocupada le permitían asistir a cualquier trabajo que no influyera en el adiestramiento de los iniciados, como ayudar con los archivos de la biblioteca junto a la maestra Jocasta Nu. Buenas noticias, al menos. Kaydan, por otra parte, era otra historia. Me encontraba sentado en el jardín interior del templo, frente al Árbol. Allí trataba de meditar. Kaydan seguía en el planeta. Le sentía en su nave. Estaba frustrado y eso me indicaba que en el fondo, encontrarse con Nym y conmigo, venir a Coruscant y conocer el templo le hizo nacer en él un atisbo de ilusión por conocer los designios de la Fuerza, pero el consejo tenía razón en que era demasiado mayor como para aprender a dejar de lado sus emociones... ¿Qué hacer? No era simplemente por lo que el joven quisiera, sino por lo que la galaxia necesitara ¿Era casualidad que aterrizaramos en Kardum, donde él estaba, alguien tan sensible y poderoso en la Fuerza, en estos tiempos oscuros que parecían avecinarse? Si algo tan poderoso había despertado, si una oscuridad tan profunda se aproximaba y pretendía atacarnos... ¿Podíamos permitirnos dejar de lado a un posible aliado tan poderoso? Si los demás maestros conocieran mis dudas seguramente me castigarían severamente, pero no podía evitarlo. Aunque Kaydan tuviese conflicto en su interior, bajo mi atenta mirada podría convertirse en un aliado de la luz... y si Nym prestaba también su apoyo... Pareció que pensar en ella la atrajo hacia mí, pues interrumpió mi meditación al haber terminado todo preparativo. Aseguró que sólo teníamos que tomar una nave y partir -Espléndido- dije, poniéndome en pie -Ve primero. Tengo asuntos que arreglar primero- la chica asintió y comenzó a alejarse -Ah, nos vamos con Kaydan- la chica se giró despacio, sorprendida. Me recordó lo que el consejo había dictaminado, no con cierta amargura en la voz -¿Y he dicho que vaya a entrenarle?- le sonreí -Pero es un buen piloto. No estaría de más llevar también la potencia de fuego de su nave en caso de que tengamos... problemas- Nym no se vio precisamente convencida, pero yo era su maestro y se suponía que sólo por eso era más sabio que ella. Se encogió de hombros y preguntó si era otro de mis pensamientos a la velocidad luz para preveer problemas -Siempre- sonreí. Ella me devolvió la sonrisa y se marchó presta.

Kaydan

-Si pones un pie de nuevo en este planeta, serás ceniza en menos de lo que ruge un Ranthar- dijo el holograma de Jax Haden, lo más cercano que he tenido a un hermano en mi vida, hacía ya unos años -Y no lo digo yo, sino Ercule-
-Estoy harto de los Hutts...- musité, apalancado en el asiento del piloto
-Kay, no puedes pretender seguir así toda tu vida-
-¿Qué tiene de malo mi vida?-
-Desapareces y apareces cuando te da la gana. Por lo general cuando lo haces es porque la has montado buena y regresas cuando crees que el humo ha desaparcido arrastrado por una brisa milagrosa- me regañó -Por mi parte es lo mismo ¿Cuanto hace que no nos vemos? Esta conversación es la primera en años-
-La galaxia es muy grande Jax-
-No con la holored de la República- bufó -Mira Kay... me encantaría darte algo de trabajo o un lugar en el que puedas asentarte, pero no puedo. No aquí en Onaster- su disculpa era sincera, lo sabía a la perfección. Jax era parecido a un hermano porque ha sido, en esencia, mi único amigo. Si sabía pilotar era por él, si sabía disparar era por él. Después lo abandoné sin malas intenciones para acabar uniéndome al clan mandaloriano en mi adolescencia. Fui un estúpido. Pensé que jamás llegaríamos a nada y ahí estaba él, en las fuerzas de seguridad del gobernador de Onaster y del equipo de negociación contra criminales. Carlo Mommo, el gobernador, poco haría por mí, contrabandista del tres al cuarto. Ercule, el Hutt que llevaba los bajos fondos del planeta, quería mi cabeza por aquello de destruirle el hangar de naves cuando le robé el Anima... Sí, Jax tenía razón. No era buena idea regresar a Onaster en el Borde Exterior -¿Puedo saber qué ha pasado, Kay?- preguntó entonces
-¿Por qué iba a pasar algo?-
-Han pasado años desde que eramos unos jóvenes soñadores y sin embargo sigues teniendo la misma expresión en tu cara cuando encontrabas el fracaso en tus narices. Ojos brillantes, mandíbula tensa...- dijo con cariño
-No hables como si fueras mi padre-
-Dijimos ser hermanos una vez-
-Pero hablas como un padre- sentencié -Y no lo eres. Quisiera a mi "hermano", gracias-
-Un hermano puede tomar también el papel de padre-
-Si al menos lo fuesemos de sangre...- bufé
-La sangre es lo de menos. Dime de una vez qué te pasa-
-Crecimos en Onaster tú y yo, buscándonos la vida-
-Sí- asintió
-Era tu hogar-
-También el tuyo-
-No- negué con la cabeza -Sabes que llegué de otro lugar-
-Pero fue tu hogar-
-Sólo durante un tiempo. A donde quiero llegar es... ¿Sabes esa sensación de mirar a tu alrededor y sentir que es el lugar en el que debes estar?-
-Creo que sí-
-Yo en mis 30 años de vida todavía no conozco esa sensación Jax. Quiero encontrar mi lugar en este enorme y gigantesco mar de estrellas de mierda- Jax se echó a reir -¿Qué pasa?-
-Solamente tú podías encajar la palabra "mierda" en un momento de introspección profunda, muchacho. Estabas a punto de madurar-
-Puedes irte a tomar por...- entonces oí pasos en la nave y la voz de Nym llamándome
-Vaya, vaya, vaya- rió Jax -¿Una invitada en el Anima?-
-Cállate- antes de apagar el comunicador, la chica se asomó a la cabina. Pudo ver perfectamente el holograma de Jax mirándola con una sonrisa. Sin duda debió chocarle viendo a un tipejo como yo, lleno de barro seco de Kardum y restos de sangre de Krayt mezclado con el olor de la lluvia y humedad del planeta, hablando con un hombre de excelente trajeado y peinado perfecto, casi ridículo
-Por favor dime que es tu novia- suplicó
-¡Que no!- gruñí
-¡Pues presentame...!- dijo riendo antes de que apagara el comunicador. El muy imbécil no se dio cuenta de que era una jedi, al parecer.
-Disculpa- suspiré -¿Querías algo?- la chica se dio cuenta en ese momento de que Dal no había hablado conmigo antes precisamente, y que le tocaba a ella negociar. Reunió unos segundos de confianza y me comunicó el interés de Dal porque fuese su piloto hacia Alderaan -¿Estás bromeando, no?- sonreí. Ella no me devolvió la sonrisa. Fue clara y concisa -El trato era traeros hasta aquí. No tengo por qué ser ahora el piloto personal de una pareja jedi- ella corrió velozmente el concepto: eran maestro y alumna -Ya sé lo que sois, maldición. Cuanta ofensa por el término de pareja. Eso de que sois ajenos a las emociones os vuelve paranoicos ante frases fáciles de malinterpretar- ella aseguró que era, precisamente, porque eran fáciles de malinterpretar -Bah. Ve y dile a tu maestro que no pienso ser el chofer de nadie. Yo me largo de este lugar. Vosotros buscaos la vida- debió ser la prepotencia en mi voz, o tal vez que parecía un completo desagradecido tras haberme ayudado a sobrevivir a un Krayt colosal, pero Nym terminó, sin querer o queriendo, frunciendo el ceño y sentenciando un seco "bien" que zanjaba la conversación. Se dio media vuelta para marcharse y yo me di media vuelta en el asiento del piloto para encender los motores. Fue en ese momento cuando el ambiente se hizo casi opresivo y una vibración cavernosa nos envolvió por un instante. Un zumbido mudo que nos paralizó a ambos salvo para girarnos despacio y mirarnos. Sentí... su frustración. Sentí su decepción. Su malestar... No hacia mí, sino porque no había podido dar un deseado paso hacia delante. Ella me miraba sin embargo de la misma forma que yo a ella ¿Percibía mis emociones tan cristalinas como yo las suyas? De sus labios escaparon unos susurros "Cuanta soledad..." llegó a decir, antes de que el zumbido desapareciese, el ambiente volviese a ser el mismo y sus emociones fueron un simple fantasma que se desvaneció por completo en el momento en que Dal entró en la cabina del piloto
-¿Y bien? ¿Partimos?- dijo con total certeza de que yo había aceptado formar parte del plan. Miré a Nym una vez más y ella a mí. Si nuestras miradas fuesen cañones laser nos habríamos abatido mutuamente hasta reducirnos en átomos por un instante. Aún sin comprender del todo por qué, me di de nuevo la vuelta y arranqué los motores, preparando el viaje hacia el maldito Alderaan.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Nym

Las naves mandalorianas se atisbaban a simple vista. Estaban tan cerca, rodeándonos en un circulo tan perfecto, que tardaríamos poco o nada en caer si no tomaba las riendas rápido. Por ello, me senté en el puesto de artillería de un salto, tomando los controles de los cañones como si llevase años haciéndolo, aunque no fuese así. Durante mi adoctrinamiento, habían sido múltiples las veces en las que había tenido que manejar los controles de los cañones de una nave, pero no tantas como para tener una destreza admirable a la hora de derribar las naves de una persecución. El sable era la extensión perfecta de mi brazo, no aquellos mandos cuya pantalla central se coloreaba de rojo y pitaba cuando centraba la nave enemiga. Tuve que cerrar los ojos y tranquilizarme un par de segundos, para finalmente, comenzar a disparar.

Los cañones láser se movían a una voluntad independiente a la que Kaydan dirigía la nave, emitiendo movimientos giratorios y ascendientes cada vez que era conveniente. Las naves mandalorianas caían una a una con lentitud. Si contaba con una especial ventaja sobre ellos, era la Fuerza. Podía intuir los movimientos de aquellos perseguidores, incluso sentir el momento en el que accionarían sus propios cañones. Por ello, tras recorrer varios kilómetros en una carrera frenética, esquivando numerosos asteroides, la nave del contrabandista entró en el túnel de la velocidad luz cuando apenas me quedaba una nave más que derribar. Solté los controles tras suspirar. La velocidad luz... era lo más similar a un momento constante de paz que había disfrutado en toda mi vida. 

-¿Todo bien, aprendiz?- La voz de Dal llegó hasta el puesto de artillería. Sabía que mi maestro era consciente a la perfección de mi buen estado, pero supuse que no eran más que preguntas de cortesía. Cuando salí y llegué hasta la cabina principal, encontré a Dal cruzado de brazos, observando de forma constante al piloto, quien se hallaba algo desplomado sobre el asiento. -Sólo me quedaba una nave- afirmé. Aquellas palabras no parecieron disgustar a ninguno, excepto a la Twi'lek, quien me dirigió una mirada llena de miedo y asombro simultáneos. -¿Ya nos dirigimos a Coruscant?-
-Así es. Mucho me temo que seremos los últimos en llegar-
-¿Yo podría... quedarme allí?- preguntó la joven de piel azulada. Si voz sonaba temblorosa. Se sentía totalmente perdida.
-No seremos nosotros quien te lo niegue. Eres libre de hacer lo que te plazca con tu vida-
-¿Podré ser libre allí?- preguntó con un brillo de luz esperanzador.
-Allí y donde quieras. Puedes buscar un oficio nuevo... un hogar nuevo... Lejos de los suburbios de Coruscant, si me permites el consejo. La capital de la galaxia esta repleta de oportunidades- le sonreí. Observé como ella sonreía, alegre, e intentaba expresar esa alegría a Kay, quien sin embargo, no la miró. Percibí algo de tristeza nuevamente en la mirada de la chica. -Maestro ¿Podemos hablar un momento?- pregunté entonces, llamando la atención de los tres. Sin decir nada, me aparté de la cabina y busqué un lugar más alejado donde no pudiesen oírnos.
-¿Ocurre algo?-
-Percibo tu interés crecer en Kaydan. ¿Que piensas hacer con él?- pregunté curiosa. 
-Voy a hablar sobre él en el Consejo-
-¿Vas a pedir su inclusión en el Templo?- me asombré, a pesar de que sospechaba aquellas intenciones desde el momento en el que sentí la Fuerza emanar de él.
-Necesita aprender a manejar la Fuerza-
-Es mayor-
-Es sensible-
-Pero apenas puede mostrarla. Parece... parece no querer usarla-
-Razón de más para hablar de él en el Consejo. Sé que es demasiado tarde para él. Es demasiado mayor y sus sentimientos demasiado arraigados. Pero hay que intentarlo. No podemos dejar qu un contrabandista ande suelto con esa sensibilidad-
-¿Crees que el Consejo le aceptará?- pregunté con más curiosidad aún.
-Lo más probable es que no, pero lo intentaré. Ese hombre necesita un maestro...- murmuró. Sentí una oleada de orgullo y capacidad. ¿Lo decía por mí? Sería todo un reto, pero a la vez todo un honor, que confiasen en mi tal tarea. 
-Como quieras, maestro. En cualquier caso, me siento ligeramente impaciente por llegar a Coruscant. No dejo de pensar en aquella sacudida. Me preocupa que el Consejo haya categorizado la reunión como urgente.-
-Paciencia, joven padawan. Pronto resolveremos todas estas dudas- Al decir aquello, la nave dejó atrás el hiperespacio. Frente a nosotros, Coruscant brillaba de un rojo luminoso y atractivo. No podía esperar más.

Tras pedir permiso para entrar a la ciudad, y posteriormente, aterrizar en el templo, Dal se marchó a toda prisa en dirección a la torre en la que el Consejo se reunía. Yo me quedé cerca de la entrada del templo, junto con una Yuula curiosa y un Kaydan que se paseaba con cierto aire aburrido por la zona. Decidí no alejarme demasiado, porque sentí que Dal no lo querría, sobretodo si le daban luz verde a sus planes con el contrabandista. La Twi'lek sonreía al ver aquella arquitectura tan bella, la enormeza de Coruscant reflejada tras los enormes ventanales y el ir y venir de la gente. Sonreí al verla. Supuse que su sensación de libertad era tan alegre como la sensación que me producía estar de nuevo en casa. ¿Estaría Ulric allí? Ansiaba contarle todo lo vivido durante el viaje. -Es feliz- murmuré cerca del hombre, lo suficiente como para captar su atención -¿Tienes familia?- le miré -¿Alguien esperándote en alguna parte de la galaxia?- Kay me miró arqueando una ceja. Mis preguntas no iban con ninguna intención más que la de conocerle si, de alguna forma, conseguía entrenarle. Dejar los sentimientos como el amor, los celos y la envidia atrás era algo esencial para ser un Jedi. Sin embargo, él me preguntó con cierta picardía si me interesaba que tuviese a alguien. Parpadeé extrañada -No- contesté sin más. -Mi único interés es este Templo y... la galaxia al completo- sonreí complacida. El hombre bufó, alegando que mi interés era algo aburrido -Para nada. He crecido aquí... prácticamente siento que he nacido aquí. Mi vida al completo, está aquí- el orgullo me invadió. Me acaricié la pequeña trenza que me caracterizaba como padawan. La recordaría con cariño una vez ya no estuviese. Quedaba muy poco...

Dal apareció una hora después. Me costó empeño mantener a la pareja a mi lado hasta su llegada. Sin embargo, al ver el rostro preocupado de mi maestro, prácticamente olvidé que estaba acompañada. -Maestro ¿Que ocurre?-
-Nada bueno-
-¿Qué es nada bueno?- La preocupación me comía las entrañas. No deseaba que Dal se pusiese críptico en ese preciso instante. 
-Para empezar, han negado que quieran tener a Kay entre nosotros- Aquellas palabras, provocaron que el piloto prestase más atención. Quiso reprochar algo al respecto, pero no pudo, pues fue cortado por Dal -Y lo que es peor... Han paralizado el Templo. No habrá gestiones más allá de las necesarias, así como tampoco se sucederán más nombramientos hasta nueva orden- Aquellas últimas palabras, me sentaron como un vaso de agua fría arrojado sobre mi cuerpo. ¿Como que se paralizaban los nombramientos? ¡¿Y que pasaba conmigo?! 
-Maestro... no puede ser verdad...-
Kay

Al menos pude decir que la ayuda llegó a tiempo. Mis ojos contra la lluvia pudieron ver con mayor claridad la luz azulada de los sables laser más que las figura de aquella extraña pareja, obviamente jedi, enfrentándose a la gigantesca criatura. No era para menos que necesitasen ayudarse mutuamente. El Krayt estaba enfurecido por la invasión de su territorio y rugía lanzando dentelladas sin parar. Me arrastré por las piedras y el fango alejándome del area de efecto de los golpes de la inmensa criatura mientras veía al hombre lanzar estocadas hacia la criatura hiriéndola en diversos puntos. Sables laser. No pude evitar bufar. Una de las armas más poderosas que la galaxia alguna vez había conocido. Energía concentrada y solidificada en la mano de un hombre, mucho más potente que cualquier disparo blaster de mano. Me agazapé tras una gran piedra oscurecida y húmeda por la lluvia para ver llegar finalmente a la chica a entrar en acción. Se subió de un gran salto al lomo de la criatura y desde allí, hundió el sable en las escamas de la bestia. El Krayt rugía y se zarandeaba con fuerza tratando de librarse de ambos atacantes, pero yo podía observar que claramente la batalla estaba ganada. Ambos jedi parecían comunicarse mentalmente, compartían un vínculo y una sincronía especial a la hora de combatir juntos. Cercenaron varios pedazos del Krayt antes de usar la Fuerza para empujar su enorme cabeza contra las piedras y mantenerlo inmovil antes de que ambos sables se enterraran en su largo cuello y comenzaran a cortárselo desde dos direcciones en una veloz vuelta que culminó, por fin, con el silencio. La cabeza de la criatura se separó del resto del cuerpo despidiendo una peste casi insoportable, que llegaba incluso hasta donde yo me había resguardado. Me acerqué por fin, algo magullado, cuando apagaron los sables dando por entendido que la contienda había finalizado -Menudo espectáculo- declaré con media sonrisa, mirando a la enorme bestia muerta
-Ha sido muy estúpido por tu parte aceptar un reto semejante- declaró el hombre, cruzándose de brazos. Me miraba dubitativo, reflexivo -Habrías muerto de no ser por nosotros-
-Pero estabais ahí conmigo- me encogí de hombros -No tiene sentido a estas alturas hablar del qué habría pasado si no hubieseis estado. Tal vez habría escogido otras opciones- dije dirigiéndome hasta las entrañas de la bestia, que comencé a abrir con un afilado puñal que llevaba en el cinturón. Estaba duro. Demasiado duro. La chica se acercó con el sable encendido y rasgó el vientre cadavérico del Krayt para desparramar sus tripas por todo el lugar, así como sus jugos gástricos y los restos sanguinolientos del Bantha. Pobre animal -Gracias, supongo- dije tapándome la nariz, igual que ella. El hombre seguía mirandome confuso. Estaba estudiándome, igual que antes. Seguramente no sabía descifrar quién era yo, ni mis intenciones. Trataba de dilucidar si ya sabía con anterioridad si eran jedi o no. Y vaya que si lo sabía. Lo percibía en ellos. Sobre todo y por alguna razón, de ella. La Fuerza. Ese poder místico, extraño e impredecible que me había salvado la vida y a la vez me había condenado desde mi infancia. Lo detestaba, trataba de no usarlo ni en las situaciones en las que mi vida corría peligro, pero me ayudaba de forma inconsciente a prevenir, a sentir. Y allí estaban ellos. Emanaban ese aura que sólo un jedi portaba. De entre todos los seres vivos de la galaxia conocida, tuvieron que ser dos jedi. Pero al menos me habían ayudado con el asunto del Krayt y eso a su vez era un problema mucho mayor. Desconocía qué pensarían ellos, pero yo sabía perfectamente bien que Oltross esperaba venir al alba y matar al Krayt para encontrarme en su estómago casi descompuesto por la digestión. Por mucho que valiese la perla que estaba sacando del cuerpo de la bestia, no le bastaría. Él quería mi sangre, no créditos ni fama. El reconocimiento era para él más que nada en el universo. Era uno de esos mandalorianos que se aferraban a las viejas costumbres y hacía de ellas su modo de vida.
-En resumen nos estás diciendo que ya sabías que somos jedi- dijo el hombre cruzándose de brazos nuevamente mientras yo urgaba las tripas del Krayt para sacar la enorme pela, casi tan grande como un droide redondo. Pesaba bastante
-No tenía certeza de ello-
-No parece sorprendido-
-¿Debería sorprenderme de que los policias del espacio republicano anden por Nido de Arañas?-
-No somos policías, chico-
-Creeme, lo sé. Pero a veces actuais como tales cuando no debéis-
-Buscamos simplemente mantener o restablecer la paz-
-Esa palabra no existe en muchos planetas del Borde Exterior- sonreí -Si no os importa, por cierto, tenemos que llevar esta cosa a Oltross antes de que venga a creer que puede matar al Krayt-
-De acuerdo, pues...- me dejó pasar a mí primero, preparándome para ascender hasta fuera de la abertura en la tierra. No faltaría demasiado para el amanecer, así que teníamos que darnos prisa -Suelta la perla- me giré para mirarle
-¿Por qué?- él me miró con una risilla en los labios
-Oh, no, nada... Pensé que había visto algo-
-Jedi... Todos locos- bufé antes de seguir ascendiendo. No me percaté de que le susurró algo a su padawan antes de seguirme, o eso fingí. Supe que le estaba diciendo que había vuelto a intentar influirme con la Fuerza y que no lo había logrado. Ellos dos sabían perfectamente que yo estaba conectado a la misma y ese hombre sólo trataba de hacerme sacarla a la luz.

 La caminata se hizo mucho más larga a la vuelta que la ida. Quizá el peso de la perla tenía algo que ver. Me animaba al menos le hecho de poder dejar atrás el planeta, porque estuviese de acuerdo Oltross o no, ibamos a abandonar Kardum de una maldita vez, de eso estaba seguro. Avanzamos hasta la nave, que seguía allí, perfectamente recortada contra el gris del alba kardumense, que no cejaba jamás en su lluvia impertinente. Para mi sorpresa, sólo estaba uno de los soldados de Oltross vigilando la puerta. Conforme nos veía llegar con la brillante piedra redonda, hizo una llamada por el comunicador. Su jefe mandaloriano no tardaría en llegar -Esto va a ser coser y cantar-
-¿Estás seguro?- preguntó el maestro jedi -Yo tengo la vaga sensación de que sabes tan bien como yo que aquí se va a formar una trifulca-
-Entonces no sé por qué no tienes el sable en la mano- me burlé, dedicándole un guiño de ojo a su alumna, que suspiró, quizá de cansancio o porque estaba harta de la situación. Supuse que no estaba demasiado acostumbrada a estar en un clima semejante. Kardum te absorvía la energía con su pesada lluvia, que no siendo distinta a las lluvias de otros planetas más allá de que jamás se detenía, simplemente su continuo caer sobre uno lo terminaba cansando. Además estaba la sensación desagradable de fría humedad
-Estás bromeando- oí de pronto cuando el pelotón de Oltross apareció -No has podido dar caza a un Kray colosal tú solo con dos vagabundos-
-Lo que ven tus ojos es la realidad- dije triunfante -Ahora toma, que pesa como un demonio- dije con pesadez mientras la dejaba en el suelo. Oltross se acercó para inspeccionarla. Comprobó, herido en el orgullo, que era una perla de Krayt
-Llevadla a la nave- ordenó a sus secuaces, que obedecieron
-Muy bien, trato hecho. Te llevas la gloria y el dinero. Ahora devuélveme el Anima si eres tan amable- y esperé en silencio. Sólo la lluvia hacía ruido a nuestro alrededor. Silencio. Largo silencio -¿Se te ha apagado el audífono del casco o...?-
-Eres el mayor insulto que alguna vez me ha dedicado la vida, Kaydan- dijo de pronto, furioso -El simple hecho de verte me pone enfermo-
-Me encantaría poder decir que es el mismo placer para mí hacer tratos contigo. Mi nave, por favor-
-En seguida- me señaló con dos dedos en un gesto táctico militar. Ordenaba un ataque. Oí los zumbidos de los sables laser de los jedi encenderse en cuanto el primer blaster se disparó directo a mi frente. La chica consiguió desviarlo al ponerse frente a mí -¿Jedi?- se sorprendió Oltross. La padawan le indicó que no querían batalla, sino salir del planeta. Habían hecho un trato con nosotros. No tenían por qué atacar -Oh... sí que tengo. Y si os interponéis, también caeréis-
-No quisiera sonar presuntuoso, mandaloriano, pero la Fuerza está con nosotros-
-La Fuerza esa a la que adoráis estuvo con los jedi que también han caido alguna vez bajo mi blaster ¡Abrid fuego!- el ambiente se llenó entonces de disparos. Conseguí covertura tras unas cajas de comercio que había apiladas en la zona de aterrizaje y esperé el momento para abrir fuego. Los mandalorianos, por igual, buscaron una buena posición. Maestro y aprendiz jedi unieron sus espaldas y se dedicaron a dar lentas vueltas sobre sí mismos desviando los disparos con total precisión. En alguna ocasión, conseguían que el desvío del blaster acertara a quien había disparado, derribándolo malherido en el suelo. Nos abrumaban en número aún así. Oltross prácticamente había traido casi todo su clan y eran habilidosos. Cuando los blasters resultaron inútiles comenzaron a disparar pequeños cohetes y granadas que los jedi no podían desviar con los sables. Terminaron cubriéndose a mi lado junto a las cajas
-¿Algún plan?- pregunté al maestro
-¿Y me lo preguntas a mí? Eres tú el contrabandista y el dueño de la nave, así como el que conoce a ese tipo-
-Siempre gusta una segunda opinión- una granada estalló muy cerca de nosotros, cubriéndonos de barro. La chica se quejó, cuestionándose si siempre era tan graciosillo incluso en situaciones de peligro -¿Qué te puedo decir, encanto?- le volví a guiñar un ojo -Es mi forma de hacer las cosas- otras explosiones comenzaron a destruir las cajas. Pronto estariamos sin cobertura
-Debemos salir de aquí-
-Haced algún truco de jedi-
-¡Hazlo tú!- se impacientó el maestro -Sé que eres fuerte en la Fuerza, muchacho. Haz algo para salir de esta-
-Te ha costado hablar con sinceridad, maestro jedi- borré la sonrisa de mi cara
-¿Era a eso a lo que estabas esperando? ¿A que te dijera mis intenciones?- dijo molesto
-No me gustan las mentiras ¿Sabes? Odio a quienes se creen también más listos que yo- maestro y padawan podían apreciar que el hombre que había estado con ellos, el llamado Kaydan, era una máscara que ocultaba al verdadero. En mis ojos se podía ver que sabía mucho más de lo que había aparentado
-En ese caso disculpa, pero salvar la vida es más importante ahora mismo-
-Sí, pero eso no quiere decir que...- entonces rugieron los motores del Anima. Me puse en pie, exaltado ¿¡Se habían metido en la nave!? El transporte se elevó muy ligeramente para girar sobre sí mismo y encañonó a los mandalorianos. Los disparos blasters causaron graves daños a sus fuerzas
-¿Eso lo estás haciendo tú...?- se sorprendió el maestro
-Más quisiera- dije verdaderamente sorprendido. La nave se posó y la compuerta se abrió -No importa ¡Vamos, vamos, vamos!- los tres entramos en la nave y pulsé el botón de cierre. Me dirigí a toda velocidad a la cabina para encontrar a un mandaloriano tirado en el suelo en mitad del camino. El guardia que faltaba. Allí, en el asiento del piloto, estaba Yuula -¿¡Qué demonios...!?-
-Y-yo sólo quería a-ayudar...- dijo temblorosa -N-no sé manejar esto y...-
-¡Déjame sitio!- la aparté del asiento y me senté.  Tomé los mandos del Anima y no dudé en tirar de ellos para que la nave comenzara a ascender inclinándose hacia las nubes de tormenta -¡Vamos!- di máxima potencia a los propulsores y en cuestión de segundos nos lanzamos a toda velocidad hacia la atmósfera. Por un momento, la calma se pudo sentir en la nave
-¿Esta twi'lek es amiga tuya?- preguntó el maestro
-Y-yo... sólo...-
-¡Maldita sea, Yuula!- dije furioso -¿¡Tienes idea en el problema que me metes al meterte en mi nave!? Ahora vamos a salir del planeta. Me señalarán por haberme llevado a una esclava sin haber pagado previamente por ella-
-Yo sólo quería ayudar...- se sentó triste, apagada y desfallecida en el asiento del copiloto
-Creo que no es necesario ser tan duro con ella, chico. Nos ha salvado la vida-
-¡Os la ha salvado a vosotros!- gruñí -A mí me ha puesto una diana igual o más grande que la que tenía hace unos momentos en Kardum- Yuula, dolida, se acarició uno de sus lekus con tristeza. Entonces la nave comenzó a emitir un pitido
-¿Qué ocurre?- el jedi miró los sensores
-Nos siguen. Son mandalorianos. No van a descansar...- bufé
-Pensé que tendrían una nave común, pero son cazas individuales- señaló el jedi, meciéndose la barba, meditabundo
-Es el método de Oltross. Son una manada y cazan en manada. Sus cazas son lo bastante potentes como para hacernos pedazos si nos envuelven como un ejambre. Tenemos que dar el salto a la velocidad luz antes de que- una sacudida de la nave me hizo callar. Pitidos y luces parpadeaban por todas partes -Mierda, nos han dado-
-¿No has subido los escudos?-
-Yuula no ha encendido la nave al completo antes de arrancar los motores-
-¡No sabía arrancarla! ¡Os he podido ayudar por pura suerte!- sollozó, triste por ser constantemente señalada
-¿Alguien es bueno disparando? Lo haría yo pero no pienso dejar a nadie tocar los mandos de mi nave- miré a Yuula y rápidamente la descarté. Luego pasé al maestro jedi, pero concluí en la padawan -Eh, guapa ¿Qué te parecería jugar al tiro al jawa?-
-Eso es cruel- señaló el maestro -Y se llama Nym. Trátala con el respeto que merece-
-Bonito nombre Nym- la nave volvió a sacudirse -Ahora si te parece ve a la torreta y destrózalos. Tú también maestro jedi, a la inferior- señalé -Es hora de que nos libremos de Oltross de una vez...-

 Mientras tanto, en otro planeta del Borde Medio...

Una joven jugaba en el patio tras su casa. Una casa humilde, de una familia humilde de granjeros. La chica era lo bastante mayor para entender la situación en la que vivían, la situación de la galaxia, y la de aquellos a los que admiraba. Con una vieja rama de árbol golpeaba con estupendos malabares a un muñeco de paja que ella misma se había labrado, como toda una jedi. Apenas con 12 años ya había tomado disciplinas a la hora de manejar su imaginado sabler laser. Su madre la observaba sonriente desde la puerta de su casa, antes de marchar al interior para preparar la comida mientras su padre volvía de trabajar en la granja. Fue en la caida del sol de aquel aciago día, cuando la chica, en su delirio y divertimento infantil, imaginó que usaba un poder increible para derribar el muñeco. Su sorpresa fue que efectivamente, el muñeco salió volando, impulsado por un golpe de la Fuerza. La niña se tornó pálida y se miró la mano, asustada ¿De verdad había usado la Fuerza? ¿De verdad podría ella... ser una jedi? Una sonrisa de emoción le llenó el rostro y la iluminó como una estrella. Estaba deseando contárselo a su madre ¡Seguro que la abrazaría con mucha ilusión! Pero al darse la vuelta vio aquella perturbación. Aquella onda que agitaba el aire como si hubiese una masa invisible ante ella. La abrazó. Sintió frío, un frío gélido que le caló cada hueso del cuerpo. Dolor, sufrimiento, que pronto se tornó en odio. Un odio ajeno, extraño. Un odio que ella personalmente no sentía, pero que se le transmitía. Un odio que finalmente terminó por ser suyo en pocos minutos. Los ojos marrones de la chica lentamente se tornaron en dorados como un sol que lentamente se apaga. Sentía... sentía tantas cosas...

Marlo Zu era un hombre ocupado con las granjas, siempre trabajando, apenas descansando, pero gracias a ello su familia vivía lo bastante bien. Se contentaba con llegar a casa en el ocaso para ver a su joven hija, siempre imaginativa, siempre divertida. Se contentaba con que al caer la noche podía dormir junto a una esposa bella, amable y cálida con la que siempre podía compartir todo el amor de la galaxia. A pesar de una vida de trabajo cansado, al menos era eso, una vida. Una vida que siempre quiso tener. Se contentaría con ello siempre, o eso creía. Aquella tarde el cielo era más oscuro que de costumbre y no sintió nada extraño hasta que llegó a su casa. La luz estaba apagada y no le invadió el exquisito olor de la comida -¿Ezna?- preguntó el hombre, pasando con cautela -¿Rym?- llamó a su hija también. Ninguna contestó. Anduvo con cuidado por el interior de la casa a oscuras hasta que consiguió encender la luz. No gritó porque las lágrimas le cayeron en cascada asfixíandole el alma. Su esposa, su dulce esposa, rígida, grisacea y seca, estaba sentada sobre una silla -Ezna... ¿Qué...? Esto no puede estar pasando...- cayó de rodillas derrotado, roto de dolor, tapándose la boca con las manos para no gritar. Oyó unos pasos a su espalda. Al girarse vio a su hija, en pie, tras él. Lo último que vio fue aquellos ojos dorados, no los que había sólo en ella, sino en la extraña figura fantasmagórica que por unos instantes llegó a poder ver. La chica extendió la mano frente a su rostro y friamente sonrió
-Duerme bien, papá- le deseó con dulzura, antes de que una vibración llenase el ambiente y Marlo gritara como nunca antes había gritado, de puro dolor. El resto de la noche, reinó el silencio...

martes, 19 de diciembre de 2017

Nym


Tenía un mal presentimiento. Las cosas no estaban sucediendo de la manera en la que estaban previstas, de forma que no podía dejar de pensar en la urgencia del Consejo para entablar una reunión a la que aún no habíamos llegado, y a la que quedaba llegar. -Maestro, creo recordar que tenemos prisa- murmuré en voz baja, siguiendo los pasos que el joven desconocido estaba tomando.
-Así es-
-¿No sería un camino más rápido barajar otra opción?-
-Esta es la opción más rápida. Saldremos al amanecer de Kardum-
-¿Tu crees?- pregunté, arqueando una ceja, al contemplar como el hombre corregía su rumbo inicial para ir ahora a la cantina. Cuando Dal se percató de ello, aceleró el paso hasta llegar a la altura de Kay. Éste sin embargo, pareció no querer escuchar o recibir consejo. Con oídos sordos y mirada aburrida, se adentró en la cantina de la misma forma que lo había hecho horas antes. No supe si con aquella actitud, pensaría que nos alejaríamos de él y le dejaríamos en paz. Si era así, podía darse por vencido, pues nos sentamos cada uno a cada lado del joven. Capté el especial interés de Dal en él, así que a mi, como alumna, no me quedaba otra opción. -No sabía que la bebida proporcionase especiales habilidades para combatir contra un Krayt- comenté con sorna mientras servían una bebida al joven.
-¿Pensabas dejar de lado el negocio?- preguntó Dal por su parte, provocando que el joven bufase. Con voz cansada, aseguró que ambos eramos una pareja de lo más pintoresca. Luego, dio un trago a su bebida y admitió no estar huyendo, sino pensando. Pensando como encontrar al Krayt.
-Kardum es de proporciones menores a la media del resto de planetas del Borde Exterior. No debería suponer ningún problema. Además, dijiste que sabías donde estaba- añadí. No se si ofendí, o simplemente provoqué risa interior a Kay, pues me dedicó una mirada de lo más extraña, para luego asegurar que sí sabía donde estaba, pero no sabía somo sacarlo de su escondite -¿Hay Rontos en Kardum? ¿Dewbacks?- negó con la cabeza -¿Banthas?-
-La última vez que estuve aquí, pude ver varias granjas con mandas de Banthas. Deben soportar bien este clima-
-En ese caso, sólo se me ocurre que podamos usar a un Bantha como reclamo para animarlo a salir, y de paso, como entretenimiento mientras le atacamos. Tendremos que comprarlo a algún granjero. ¿Cuantos créditos piden por un Bantha en Kardum?- fruncí el ceño. Kay alzó una mano en aquel instante, asegurando que estaba hablando y planeando demasiado rápido. El objetivo era un Krayt, y no un Krayt cualquiera, uno colosal.
-Quizá los pocos créditos que tenemos sirvan de algo, siempre y cuando los acepten como moneda de cambio aquí- comentó Dal, haciendo que pareciese que ninguno de los dos hubiésemos oído al hombre. Éste, se terminó la bebida de un largo y constante buche. Dejó el vaso sobre la mesa junto con un par de monedas y se volvió a poner en pie.
-Vaya, parece que la bebida ya ha proporcionado las habilidades- me burlé sin maldad, siguiendo una vez más al joven hasta la salida de la cantina. Antes de salir, me fijé en que la Twi'lek me miraba con cierto aire de preocupación. Quizás... con suerte...

Kaydan explicó durante el camino bajo la lluvia, que el Krayt se escondía en unas grietas ubicadas en las paredes de un acantilado, a varios kilómetros del poblado. Pocos sabían de la existencia de aquella enorme especie, pues aseguraba que se mantenía, extrañamente, oculto durante todo el día tras la grieta desde hacía unos años. Salía a cazar de noche y poco. Los pocos que sabían de su existencia, se habían aventurado a cazarlo para obtener la perla de su interior, pereciendo en el intento. -¿Y tú te has aventurado a cazarlo?- pregunté. Él esbozó media sonrisa. Ya lo dijo en la cantina. Era un contrabandista. -Aun así extraño que poca gente sepa de la existencia de una criatura tan enorme. No debe gustarle mucho la lluvia...- sonreí.
-No es la primera vez que se encuentran criaturas que pertenecen a otros ecosistemas en planetas recónditos, especialmente en aquellos que sirven de punto caliente para los intercambios- explicó Dal
-¿Un contrabandista descuidado tal vez? Quizá llevaba más de uno en... a saber que tipo de nave. El mandaloriano habló antes sobre otro Krayt- Kaydan no estuvo por la labor de comentar nada.
-Sea como fuere, prudencia. No es una criatura a la que debamos subestimar-

Con ayuda de Kay, encontramos una granja alejada de Nido de Arañas, la cual custodiaba una sola mujer, viuda y algo mayor. Dal me pidió que fuese yo quien pidiese el intercambio de los créditos por el único Bantha que la mujer parecía tener. Dal debía tener buenas intenciones en pedirme aquello, como parte de mi adiestramiento, pero yo sentí que algo se me estrujaba en el interior al tener que hacer tal cosa. Teníamos prisa. Contemplar otra opción ya no estaba en nuestros planes. Conseguir aquel Bantha era nuestro único objetivo. Sentí que el corazón se aceleraba un poco cuando, tras llamar a la puerta de su granja, la mujer me ofrecía cobijo de la lluvia sin tan siquiera conocerme. Me negué a tal hospedamiento y le expliqué rápidamente que necesitaba aquel animal a cambio de todos los créditos con los que contaba. Ella, con rostro triste, explicó que no podía hacerlo. Su Bantha era su único medio de transportar los productos artesanales que ella confeccionaba hasta los poblados colindantes para poder venderlos. Me sentí contra la espada y la pared. No quería usar la Fuerza... no quería. Tenía que haber otra opción. Quizá otra granja... Antes de marcharme con las manos vacías y una explicación convincente en mente que darle a Dal con la que excusarme, la mujer me tomó de la muñeca. Con su arrugada mano acarició la pequeña trenza que colgaba de mi nuca. Luego, apartó mi túnica de mi cadera, descubriendo el sable descansando en el cinto. Tomó la bolsa de créditos que previamente le había ofrecido y me cedió el Bantha con una pequeña y triste sonrisa. Por último, se encerró de nuevo en su granja. No percibí miedo en ella... sólo respeto.

Llevando al Bantha de unas finas riendas, llegamos hasta la grieta que Kay había señalado. Justo como imaginaba, estaba en mitad de una enorme explanada deshabitada y arenosa, a pesar de la intensa lluvia. Examiné con detenimiento el relieve del acantilado. Había algo que no me cuadraba. -Esa grieta es demasiado pequeña para un Krayt colosal. ¿Estas seguro de que el Krayt del que hablas tiene ese tamaño?- Kay asintió
-La lluvia- señaló Dal -La grieta ha debido cerrarse tras algún desprendimiento-
-En ese caso...- me aventuré a acercarme a aquella abertura, despacio, tirando del Bantha.
-Prudencia, Nym- oí decir a Dal minutos antes de soltar al animal y dejarle caminar a su paso por aquel lugar. Mentalmente, medí la distancia prudente entre la grieta y yo. Cuando apartase las piedras que colapsaban la salida, era posible que la criatura saliese y no me convenía estar demasiado cerca. Tomé aire y alcé las manos con las palmas abiertas. Al momento, las piedras de la grieta se alzaron todas a la vez, levitando lentamente al rededor de la abertura. El rugido del Krayt no se hizo esperar. Las paredes de piedra temblaron, sobretodo cuando salió disparado en dirección al Bantha. Vi claro el ataque y la estrategia a seguir con aquellas piedras levitando. -¡Nym!- El grito de Dal me distrajo y las dejé caer. -¡Aquí!- sacando el sable del cinto, me acerqué rápidamente a él, al contrario que Kay, quien ya se aventuraba a cazar a su presa.
-Maestro, podría haber sido rápido-
-Pero no adecuado. Deja a Kay-
-¿Por qué? Él solo no podrá-
-¿A caso no lo sentiste, mi joven aprendiz?- La mirada de Dal se tornó seria. Sabía de lo que hablaba.
-Sí... Él... Él parece tener...-
-Quiero que lo demuestre. Si lo demuestra, tendré asuntos que tratar con el Consejo- explicó, sacando también su sable para estar en guardia. -Finge que ayudas, pero déjale el problema a él, Nym- Dal comenzó a acercarse al Krayt, que ya había empezado a sospechar que le estábamos rodeando mientras se zampaba al Bantha con sencillos bocados.
-Pero es demasiado mayor, Maestro-
-Tu eras demasiado pequeña-
-No es lo mismo-
-No, pero la Fuerza parece fluir en él de igual forma. Puede que de este pequeño accidente, saquemos algo bueno a pesar de todo: Un nuevo adepto- Dal encendió su sable y corrió hacia el Krayt. Yo me quedé mirándole marcha. ¿Y sí...? ¿Podía ser que Dal estuviese pensando... encargármelo a mi? Significaba que... ¿Iba a convertirme en Dama? ¿Por fin? Sonreí repleta de orgullo y encendí mi sable azul. Estaba ansiosa porque todo terminase.

Pero por desgracia, las cosas no iban a transcurrir tan rápido.

El Krayt era demasiado grande, demasiado salvaje y demasiado fuerte para Kay, quien disparaba su blaster en vano contra la criatura. Esquivaba, esquivaba tanto o más que yo, reteniendome para no atacar como realmente sabía. Vi el sufrimiento y el cansancio en el rostro del joven. Estaba al límite, y finalmente, cayó al suelo fangoso y el Krayt se fijó en él. -Nym, no. Aún no- ordenó Dal a mis espaldas.
-¡¿Y si no puede?!-
-¡Podrá! ¡Lo he sentido en él!- A pesar de las ordenes de Dal, yo no tenía tan clara aquella esperanza en el hombre. Con el aliento entrecortado, observé como la criatura se cernía sobre él con las fauces abiertas y él... él no demostró nada. -No... no puede ser- Dal volvió a encender su sable. Y Kay nos miró, aun en el suelo. Con la mano extendida y la voz cansada, me pidió ayuda. Ayuda.

Ayuda.

Dal ya estaba dejando al Krayt a ralla y apartándolo de Kaydan cuando yo aún estaba quieta en mi sitio. Esa voz... esa forma de pedirme ayuda... ¿Por que me sonaba tan familiar? ¿Tan cercana? ¿Tan íntima? No pude oír a Dal gritándome para que le ayudase y saliese de mi ensimismamiento hasta unos segundos después. Agité el rostro y encendí de nuevo el sable. No. No pasaba nada.
Dal

-Cuanto tiempo viejo amigo, no esperaba verte por aquí- decía el joven que me tomaba de la mano con alegría, como si fuesemos amigos de toda la vida -Por todos los cielos de la galaxia... no has cambiado nada- me abrazó, incluso, aumentando mi extrañeza. Mi cara de estupefacción fue suficientemente palpable para que un grupo de mandalorianos exiliados que pasaron junto a nosotros me dedicasen una breve mirada de extrañeza y luego siguiesen su camino. Fue entonces cuando el joven me soltó
-No quiero tus servicios-
-¿Qué?- me preguntó oteando a los mandalorianos
-Puedes marcharte, gracias. No necesitamos servicios. Ni bebida. Estamos de paso-
-Estupendo- dijo sin más. Nym y yo nos miramos mientras él seguía escuadriñando la cantina con la mirada
-Oye, ya que estás aquí y te has mostrado tan... receptivo al afecto de un desconocido, me preguntaba si podrías recomendarnos algún vendedor de piezas- recordé entonces el gran estallido de la nave -...o de naves-
-Aquí no hay de eso-
-No es mi primera vez en Kardum. Sé que hay-
-No desde hace unos años- no me miraba, ni a mi ni a Nym. Sólo miraba hacia el infinito. Hacia aquel grupo de mandalorianos. Lo observé con detenimiento. Tensaba los músculos. Estaba preparado para salir corriendo. Huía de ellos -Bueno, si eso es todo, ha sido un placer- se fue a poner en pie pero le sostuve el brazo
-Me parece que has sido irrespetuoso. También percivo que tienes miedo. Huyes de alguien- afilé la mirada. Nym le clavó la vista. Él nos miró a ambos.
-¿Qué eres ahora? ¿Un adivino? ¿Te crees un jedi?- espetó de mala gana, frunciendo el ceño -Métete en tus asuntos- apartó el brazo de mala gana
-Bueno, entonces supongo que puedo preguntar a ese simpático grupo de mandalorianos de allí- me levanté despacio de la mesa y el desconocido se apresuró a sentarme con un empujón
-Qué demonios quieres- sonreí. Le dediqué la sonrisa a mi padawan, precisamente. Usar la Fuerza para convencer era demasiado sencillo y un mal uso de la misma. Observa siempre las debilidades de aquellos a los que necesitas derrotar en un combate mental
-Sólo respuestas a lo que te pregunté antes-
-Ya te lo he dicho, aquí no hay vendedores de piezas y mucho menos de naves. Se fueron. Se marcharon hace mucho-
-¿A qué se debería semejante éxodo? Kardum estaba poblado- me crucé de brazos
-Mira a tu alrededor- dijo siseante como una serpiente -Todos cuantos están presentes son asesinos, criminales. De la caña más baja que alguna vez han pisado el espacio conocido. Algunos incluso vienen de las Espacio Salvaje, más allá del Borde Exterior-
-Sorprendente- asentí. Nym aprovechó el instante para preguntar qué clase de persona era él, entonces
-Contrabandista- contestó de mala gana -Y ahora, si habéis acabado con el interrogatorio, he de marcharme de este lugar. Y os aconsejo, tortolitos, que hagáis lo mismo-
-¿Tortolit...? Eh, espera un momento, muchacho- apenas llegó a dar un paso cuando se giró exasperado, visiblemente nervioso. Tenía prisa -Obviaré de nuevo una falta de respeto como esa si simplemente me respondes con sinceridad ¿Has dicho que vas a salir del planeta, no?-
-Sí-
-¿En tu nave?-
-Sí-
-Sácanos de aquí, entonces-
-No- dijo simplemente y se dio media vuelta. Suspiré. Nym me miró encogiéndose de hombros.
-Mi buena padawan, quiero que conste que es por una buena causa. Nos necesitan en el templo- asentí y ella me correspondió. Alcé un par de dedos con suavidad hacia la cabeza del joven antes de que diera un paso más y los pasé por el aire como si fuese una caricia -Vas a llevarnos hasta Coruscant y luego te entregarás a un oficio más loable-
-No os voy a llevar a ninguna parte- dijo sin más, para mi sorpresa y para la de mi padawan. Entonces fue cuando lo sentí. Emanó de él como una cascada. Como si toda la lluvia del exterior entrara por un sólo canal a través de él y me golpeara de lleno en la cara. La Fuerza le rodeaba de pronto como un manto invisible que hasta hacía medio minuto no fui capaz de sentir -Vaya...- Nym se levantó y se puso a mi lado. También lo había sentido. Señaló que era un cúmulo curioso de casualidades con la Fuerza en apenas una hora
-Y que lo digas, mi joven aprendiz... Tengo un mal presentimiento al respecto- me rasqué la barbilla para acabar oyendo el sonido de un vaso caer al suelo. La twi'lek que anteriormente acudió a Nym lanzó un pequeño gritito ante el estallido del cristal. Se oyó revuelo. Los mandalorianos en pie
-¡Kaydan!- vociferó uno de ellos, con la voz ligeramente distorsionada por el casco -No muevas un músculo- disparó entonces el rifle blaster que pasó casi rozándonos a Nym y a mí hasta impactar en la puerta, justo donde el muchacho estaba a punto de cruzar. Entonces echó a correr y los mandalorianos le comenzaron a seguir en tropel
-Tengo la sensación de que ya tenemos billete a Coruscant- sonreí, siguiendo a los mandalorianos a paso calmado. Nym vino conmigo, riendo ante mi comentario

Kay

Nido de Arañas era más pequeño que un poblado de Tatooine, y aun así en ese momento me pareció tan grande como destructor estelar Venator de la República. La tormenta no ayudaba tampoco. Me ralentizaba. El barro me hacía resbalar sobre mis botas. Afortunadamente el Anima no estaba apostado lejos de la cantina. Aún así, me pisaban los talones. Los oía vociferar detrás. No tardarían en abrir fuego contra mí y vaya que si no lo hacían es porque querían ponerme las manos encima vivo. Eso no quitaba que no me extrañaba que al menos no trataran de inmovilizarme. La razón no tardé en descubrirla cuando llegué a mi nave. Allí estaban apostados dos de los hombres de Oltross, con sus armaduras grises y rojas, apuntándome con los blasters -Maldita sea...- frené en seco, casi derrapé por la superficie del barro. Me estabilicé agitando los brazos... y me quedé quieto en el sitio como una estatua -Corres mucho para no tener un lugar al que ir, Kaydan- dijo la voz de Oltross tras de mí, por lo que me giré despacio para encararle -Esta vez no vas a huir de mí- se colgó el rifle blaster a la espalda y desenvainó un puñal con el emblema de su clan -Me voy a cobrar la sangre que me pertenece-
-¿No podemos negociarlo?-
-Contigo no hay tratos- avanzaba hacia a mí a paso lento. Oltross era un desalmado y disfrutaba del miedo. Y debía reconocer que lo daba. Era alto, bastante ancho. Su armadura llamativa recortada contra la tormenta, con el torrente de gotas recorriendole el visor del casco. Sentía su mirada clavada en mí -Últimas palabras, traidor-
-Perdón por la interrupción- todos los blasters apuntaron inmediatamente a la voz. Era aquel hombre acompañado por la chica, envueltos en mantos empapados y encapuchados -¿Es cosa mía o vais a asesinar a ese hombre?-
-Prosigue con tu camino- ordenó Oltross -No tienes nada que ver aquí. Salvo que quieras ver sangre, tripas y oir muchos gritos agónicos durante unos largos minutos- anunció mirándome a mí de nuevo
-Lo siento, pero no puedo permitir que hagáis daño a ese chico. Es nuestro piloto-
-¿Vuestro qué?- preguntamos Oltross y yo a la vez, mirando al encapuchado
-Tiene que transportarnos hacia otro lugar-
-¿Ahora te dedicas a transportar refugiados?- se burló el mandaloriano -Has caido bajo, Kaydan Sangre de Krayt- dijo aquel nombre por el que se me conoció hace años, y por el que tanto me odiaba -Lo siento, viejo, pero vas a tener que buscarte un nuevo piloto. Este es hombre muerto- dijo aferrando el puñal con fuerza, preparado para asestarme el golpe letal
-Venga... somos viejos conocidos. Déjame al menos llevar a esa parejilla extraña y te pagaré con lo que cobre por el viaje-
-Nunca se trató de dinero y lo sabes. Es cuestión de honor- me agarró de la garganta. Sentí su guante cerrándose en torno a mi gaznate. Miré a la extraña pareja, les pedí ayuda con los ojos brillantes. Pero ambos me miraban sin expresión. Eran como maniquíes. Sobre todo él, el hombre, más alto, corpulento. Era fuerte, podía verlo aún mientras me comenzaba a faltar el aire ¿Por qué me miraba? ¿Por qué me miraba de esa manera? Estaba ahí, impasible, espectante ¿Qué era lo que esperaba? Y ella... ¿Ella? Me di cuenta en ese momento fugaz en que la conocía. La había visto antes, pero... ¿Dónde? No lo recordaba. No lo recordaba en absoluto. Pero sentí el enorme deseo de que no fuese ese mi último día -Muere, bastardo- echó hacia atrás el brazo y cuando estuvo por lanzar la estocada, el hombre habló
-¿Qué pides por su vida?- su voz resonó a pesar del aguacero, fuerte, poderosa. No dejaba de mirarme con insistente escrutinio.
-¿Por qué te importa a ti, entrometido?-
-Como dije antes, me interesa la vida de ese hombre. Es nuestro piloto. Ninguno más se ha ofertado por aquí-
-Como he dicho, no va de dinero, sino de honor-
-¿Y... no hay forma de saldar...?- dije casi sin aire, tratando de respirar
-Con la muerte- sentenció
-¿Antes le has llamado Sangre de Krayt?- la pregunta irritó aún más a Oltross
-No te metas donde no te llaman- los blaster volvieron a apuntar a los desconocidos. La lluvia tronaba sobre las armaduras de los mandalorianos
-¿Qué tiene de malo querer conocer el motivo de la condena de un hombre al que he contratado?-
-Si no os marcháis os uniréis a él... Es la última advertencia- se oyeron los chasquidos del seguro de los blasters desbloquearse
-Pero... es que le necesitamos- insistió incansable el tipo
-Matadlos- ordenó
-¡Oltross, Oltross...!- llegué a alzar la voz antes de los disparos. El mandaloriano me miró girando la cabeza hacia mí muy despacio
-Quieres justicia...- trataba de forcejear para respirar -Lo entiendo- le miré con seriedad -Hagamos justicia-
-¿Qué clase de justicia, si no es tu muerte?-
-Hay un Krayt colosal aquí, en Kardum- revelé, para sorpresa de los presentes. Todos se miraron entre sí con estupefación
-¿Un qué, has dicho?- me soltó. Cogí una fuerte bocanada de aire que me hizo toser
-Un... Krayt. Colosal- apuntillé. No estaba loco, aunque me creyeran así
-No hay Krayts en Kardum. Son oriundos de Tatooine-
-Pues hay uno en Kardum y es de la clase Colosal ¿Por qué crees que se fueron los mercaderes? Los únicos que se atreven a pisar por aquí son los que tienen las agallas de pensar que pueden matar a ese bicho-
-Llevo frecuentando este planeta de forma constante y jamás oí tamaña falacia- volvió a alzar el brazo para apuñalarme
-¡Sé donde está!- retrocedí un paso para alejarme de él -Piénsalo...- hubo un silencio -Todo esto es por aquel maldito Krayt ¿no? Por mi título entre tu gente- le oí gruñir a través del casco -Mira... me tienes ¿De acuerdo? Tienes mi nave sitiada, me tienes preso en este planeta... donde hay un Krayt colosal. Si quieres honor, hagámoslo a la antigua usanza- empecé a verle interesado cuando relajó el brazo -Voy a por él. A darle caza. Personalmente y sin más armas que mi blaster- oí risas de los soldados de Oltross. El propio líder mandaloriano se llevó una mano a la cadera, incrédulo -Si le venzo, te daré la perla. Su perla. Imagina el tamaño y el valor de una perla reluciente de un Krayt colosal. Podrías comprarte un puesto en el Senado si te diese la gana- silencio, sólo silencio por su parte -Y si pierdo, me devorará. Es sencillo. Habré muerto presa de la criatura por la que me dieron mi título en lugar de a ti- me encogí de hombros tratando de aparentar debilidad -Siempre ganarías, ya que no tengo forma de escapar. Además te quedarías mi nave si muero. Y puedes cazar tu a la bestia después de mi muerte y humillarme- aquellas últimas palabras sí que le causaron impacto. Me miró de arriba abajo, examinando mi ropa sencilla y mi pistola blaster en el cinturón
-Hecho. Con una condición- dijo con voz risueña. Y eso no me gustaba nada
-¿Qué... condición?-
-Ellos irán contigo- señaló con la cabeza a la extraña pareja -Son el peso del honor, el peso de la leyenda. Un verdadero héroe digno de llevar un título semejante, digno sucesor del título de Mandalore, debe ser capaz de llevarse la gloria sin perder hombres- miré a los encapuchados y pensé en lo desgraciados que eran por haberme conocido en ese preciso día
-Por mi parte bien- declaró el hombre. La chica le miró dubitativa, pero él la calmó al ponerle la mano en el hombro, quizá transmitiéndole seguridad
-Entonces está hecho. Os esperaré aquí al alba. Si no habéis regresado para entonces destruiré este montón de chatarra que llamas nave e iré personalmente a limpiar tus restos- no se marchó sin antes propinarme un fuerte golpe con la empuñadura del puñal a modo de puñetazo. Lo bastante para abrirme una herida en la mejilla que no tardó en sangrar. Hizo un gesto a sus hombres para que le siguieran, salvo los dos que protegían la entrada de la nave para que no pudiera escapar. Entonces los encapuchados se acercaron a mí
-Tienes unos amigos verdaderamente... excepcionales- apuntó el hombre
-No tenéis ni idea de dónde os habéis metido- dije mirando a ambos. Reparando de nuevo en la chica. Cielos si me sonaba de algo
-Te llaman Kaydan- cambió de tema el hombre
-Kay- declaré
-Bien... Kay- me examinó de nuevo con aquella mirada llena de sabiduría. No me gustaba -Gracias por salvarnos-
-¿Has oido algo de lo que ha dicho Oltross? Estáis de mierda hasta el cuello, igual que yo-
-Tu oferta de "honor" ha impedido que nos disparen-
-Y ahora os va a comer un Krayt-
-Así que no crees poder lograrlo- suspiré cuando me dijo aquello
-Hace mucho que dejé de "creer"- me acaricié el cuello. Aún sentía la poderosa mano de Oltross apretándome el gaznate -Simplemente sobrevivo- eché a andar. Tenía que encontrar a ese demonio antes de que llegase el amanecer. Aún no tenía ni idea de cómo iba a hacerlo
-Interesante- llegué a oir al hombre musitar antes de que la chica le hablase en susurros. Imagino que estaría pidiéndole huir lo antes posible y sería sabia al hacerlo. Emprendiamos un camino hacia la muerte.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Nym

La desagradable sensación al sentir los pies hundiéndose sobre el enfangado suelo, comenzaba a cansarme. Tanto o más que estar empapada, sintiendo el peso de la túnica sobre mis hombros crecer sin medidas -Este planeta... ¿Es siempre así?- bufé.
-¿Así como? ¿Oscuro? ¿Grisáceo?-
-Húmedo- contesté redundante, lo que provocó una ligera sonrisa en mi maestro. Realmente, sabía a qué me refería.
-Siempre que he venido, ha arreciado una tormenta, ciertamente. Las condiciones de este planeta lo convierten en algo que para ti, mi joven padawan, supone un caos. El clima es mayoritariamente húmedo y borrascoso. El suelo que pisas, es capaz de soportar meses de diluvio constante.- Hizo una pausa en la que me miró de reojo. Lo sentí, pero no le devolví la mirada. Seguí con el ceño fruncido siguiendo sus pasos -Sin embargo, para los habitantes de Kardum, cada gota de agua es una bendición. Las inundaciones provocan el crecimiento de plantas que dan frutos importantes para el consumo y el comercio, únicas en toda la galaxia, lo que se traduce en su principal sustento-
-¿Y la lección es...?-
-Lo que para ti es un problema, para otros es necesario. Cuida la manera en la que solucionas los problemas cuando dicha solución esté a tu alcance. Analiza si es solo un problema para ti o para los demás. Y sobretodo, ten cuidado con tus acciones. Un simple cambio de algo que parece común, puede alterar el bienestar de otra persona-
-Incluso en la lluvia encuentras inspiración para enseñarme algo, maestro-
-Sería un mal maestro si no lo hiciera, y tú una mala aprendiz si no lo aceptaras-
-Claro que las acepto, pero...- Tragué saliva un instante. Después dudé. Había algo que siempre buscaba sonsacar de alguna forma a Dal, pero no encontraba el momento, la situación ideal o la divina suerte de que me escuchase atentamente. Me pareció que había llegado la hora, de forma que decidí lanzarme -Maestro, me gustaría hablar sobre un asunto, ya que...-
-Mira, una cantina. Será buen lugar para resguardarnos de la lluvia- señaló ligeramente con la mano. Me había cortado la conversación... o quizás no me había oído. Suspiré levemente y observé la dirección de sus dedos. Frente a nosotros, se hallaba una tasca ovalada y grisácea. Desde sus ventanas se vislumbraba un brillo tenue bajo la lluvia. -Apuesto a que aquí encontraremos la forma de reparar la nave- comentó alegremente a la vez que aceleraba el paso. No me quedó otra opción que seguirle.

Al abrir la puerta y retirarnos la capucha de la cabeza, sentí que todas aquellas especies que se hallaban en el interior, bebiendo, festejando, riendo o jugando, detenían sus acciones para girarse y mirarnos. Encontré miradas de asombro y algunas de rechazo. A los pocos segundos, volvieron a sus quehaceres, pero con menos jolgorio del que, aseguraría, habían mantenido antes de nuestra llegada -¿Saben quienes somos?- murmuré en voz baja
-No han visto nuestros sables. No lo creo-
-¿Entonces? ¿Que les ocurre?-
-Los Kardumianos son gente bastante... desconfiada.-
-Apuesto a que aquí hay dentro hay peores cosas de las que preocuparse...-
-Guarda tus pensamientos. Tomemos asientos y planeemos qué hacer ahora. Tenemos que ser rápidos. El Consejo me espera- Dal tanteó varias mesas libres hasta finalmente decantarse por la más apartada y arrinconada de todas. 
-¿Es grave?-
-No lo se, mi joven aprendiz. Sólo sé.. que ha sido muy extraño- Quise sentarme a su lado para comenzar a planear. La preocupación me concentraba, de forma que debía aprovechar esa virtud. Sin embargo, me vi invadida por una silueta celeste y alta. Una Twi'lek, vestida con harapos rosas y morados, me había tomado las manos de sorpresa. La sentí llegar, pero no me esperaba aquel contacto tan invasivo. Por ello, retiré las manos como si las suyas diesen calambre.
-Disculpa ¿Nos conocemos?- Mi pregunta la dejó sin palabras. Abrió la boca para hablar, pero no dijo nada. A mis espaldas, Dal contemplaba la escena casi sin pestañear. 
-No... no nos conocemos... Pero me preguntaba si te gustaría hacerlo, claro- 
-¿Conocernos? Bueno, no tengo impedimento en conocer a los habitantes de Kardum, pero estoy ocupada y no es la socialización lo que me ha traído hasta aquí- Quise sentarme, pero una vez más, no me dejo.
-No has probado como para decir que no te gusta... Yo podría saciar tu curiosidad- dijo la Twi'lek con una voz extremadamente seductora. Fruncí el ceño, porque no entendía que había querido decir con aquellas extrañas palabras. Miré a Dal, buscando respuestas en él... o ayuda. Mi maestro se limitó a arquear una ceja y poner una expresión algo divertida. Entonce até cabos y lo entendí. Eché una ojeada a la cantina. Allí había más chicas, de distintas razas, entreteniendo a los clientes. Una bailaba solitaria al fondo de la sala. Si algo las unía, es que ninguna mostraba un rostro exageradamente alegre y feliz. Borré aquella expresión dudosa de mi rostro con intención de alzar la mano y reparar la situación de aquella chica rápidamente. Y cuando fui a hacerlo, la mano de Dal rodeó mi muñeca, impidiéndome alzar mis dedos.
-Recuerda... analiza primero el problema- murmuró. Tragué saliva y volví a mirar a la chica. Mi maestro tenía razón. No sabía si mi problema era el suyo, o si solventando el suyo realmente la ayudaría. 
-Discúlpame... no me interesa- murmuré algo apagada. La Twi'lek asintió triste y se marchó. Solo entonces pude sentarme.
-Nym, el Consejo nos reclama en Coruscant cuanto antes. No podemos entretenernos.-
-Lo sé, Maestro-
-Bien, entonces pensemos- Dal echó una mirada lenta a los clientes.
-¿Es posible que haya un depósito?-
-¿Uno en el que guarden buenas piezas funcionales? Solo los más pudientes de Kardum podrían tenerlo. Cualquier buena nave en un depósito al aire libre se estropearía con este clima-
-Entonces...¿Con cuantos créditos contamos? A parte de los créditos no tenemos nada que usar como moneda de intercambio, además de nuestras manos, claro. Aunque, dada la situación de estas chicas... nuestras manos me preocupan- Dal fue a decir algo. Quizá iba a contar los créditos, o quizá iba a proponer otra alternativa, pero calló, porque un hombre se acercaba a nosotros a una considerable velocidad. Le vimos venir, pero aquello no le hizo detenerse. Se sentó junto a Dal, le tomó de la mano y entabló con el una conversación sin sentido alguno. No tenía ni pies ni cabeza lo que decía, así que solo contemplé una única razón. -Oh... ¿Él también?- le pregunté a Dal. ¿Por que había en Kardum tanta gente esclavizada?