jueves, 21 de diciembre de 2017

Dal

-Ojalá pudiese decirte que es una broma, mi joven padawan- me crucé de brazos y suspiré, pasando la vista de ella al contrabandista
-Así que habéis hablado de mí- dijo, con cierto tono de queja, entornando la mirada
-Era... necesario-
-Necesario ¿eh? No me equivocaba al saber que algo querías de mí para insistir tanto en Kardum-
-Queriamos la nave, Kay. Necesitábamos llegar al templo lo antes posible-
-¿Y qué tengo yo que ver?-
-Eres sensible a la Fuerza. Y eres poderoso en ella. Lo presiento. Quizá con el debido entrenamiento...-
-¿Qué te hace pensar que quiero entrenar, jedi? Si lo que temes es que la use para hacer el mal, no puedes estar más alejado de la realidad. No pretendo usar la Fuerza. No sé usarla... y la detesto-
-Ah, detestarla dices, pero ella te acompaña aunque no quieras- dijo una voz quebrada y pacífica. El maestro Yoda se aproximaba caminando afablemente con su bastón de madera. Su pequeño tamaño llamó poderosamente la atención de Kay y Yuula
-¿Y este?- arqueó la ceja Kaydan -Hm...- reflexionó al instante. Lo pude percibir al igual que él. Estaba sientiendo la fuerte presencia del maestro Yoda, que le sonreía
-Yoda de este maestro jedi es el nombre- dijo sobre sí mismo -Y tú Kaydan, de Kardum, debes ser. Ah, sí. Poderoso en la Fuerza, sí. Hábil con ella, no- le dio un golpecito en la pierna con el bastón -Fuerte en cuerpo, sí. En espíritu, no-
-¿De qué demonios está hablando?-
-Es un placer tenerte aquí, maestro Yoda, pero suponía que tras la reunión...-
-El Alto Consejo hablado ha, maestro Kassel, pero el interés no pierde uno por ello- rodeó a Kaydan despacio, examinándolo -Interesante este muchacho es-
-¿A qué se debe, maestro?- pregunté, intrigado
-Un foco, sí. Un gran faro en la inmesidad de la Fuerza es- entonces miró a Nym -Una esperanza fuerte, como un padawan prometedor, puede ser-
-¿Me estás dando permiso extraoficial para enseñarle, entonces?- noté que Nym me miraba de reojo al decir aquellas palabras. Yoda negó con la cabeza de forma tajante
-Aunque Gran Maestro sea sólo en una asamblea la titularidad poseo. Aquí, fuera del consejo, un maestro más soy y llevar la contraria a la decisión de los demás no puedo-
-Comprendo- asentí
-Hmmm...- gruñó entonces, rascándose la barbilla. Miraba a Nym -Frustración en ti percibo, joven Tana. Dudas, sí, inseguridad. Algo te aflige- la chica negó con una sonrisa. Nym, siempre tan perfecta en su papel de padawan. Aseguró al gran Yoda que todo estaba en condiciones -No, no todo- le sonrió el maestro a la chica -Ganas de saber hacia dónde te llevan tus pasos tienes. A abrirte camino hacia la Fuerza esperas. Y el momento llegará, pero no hoy será. La paciencia será recompensada, joven Nym- la chica se quedó perlpleja ¿Es que le había leido la mente? Lo habría percibido. No. Era tan solo que Yoda era tan anciano y había conocido a tantos padawan y jovenes iniciados deseosos por probarse a sí mismos que lo veía en sus ojos
-¿Hay algo más que necesites, maestro?- añadí, sintiendo cierta tensión en el ambiente
-Sí. Maestros y aprendices partiendo están a distintos puntos de la galaxia. Buscar el origen de la perturbación debemos, sin más demora-
-¿Debemos dirigirnos a algún lugar en concreto?-
-Una llamada de Alderaan hemos recibido-
-¿Alderaan?- sonreí, incrédulo -¿Qué puede necesitar de nosotros la casa Organa? Alderaan es prácticamente una utopía-
-Más poderosa la oscuridad alcanza a las más fuertes fuentes de luz- reflexionó el maestro Yoda -Ir allí e investigar, colaborar con la corona y encontrar el mal que los aflige, debéis-
-Si, maestro- recliné la cabeza respetuosamente ante él
-¿Y qué hay de mí?- Kay miró a Yuula también -De nosotros-
-Le buscaremos a Yuula un lugar donde pueda vivir mientras consigue una nueva vida en la ciudad, si lo desea- comenté afable a la chica -En cuanto a ti... supongo que siempre puedes irte, seguir con tu camino-
-Maravilloso- bufó Kaydan -Venir hasta el templo jedi, hacerme esperar plantado frente a la entrada durante tiempos indeterminados para decirme que me vaya por donde he venido-
-Insatisfacción ¿Hm?- rió Yoda -Que no querías ser entrenado, que odiabas la Fuerza, creí haber oido- se mofó
-N-no es insatisfacción- se cruzó de brazos, a la defensiva
-Kaydan, joven aún eres e inexperto en el poder que posees eres. Peligroso, eso eres. Comprendernos debes, que como guardianes de la paz en la galaxia, de los caminos del Lado Oscuro alejarte debemos-
-El Lado Oscuro ¿eh?- se encogió de hombros -Ni siquiera sé lo que es eso-
-Sí, lo sabes- sentenció con severidad el maestro Yoda -Lo sabes. En tí lo percibo. Luz y Oscuridad, a partes iguales. Conflicto en ti hay- le señaló con un dedo -Y es por tu ignorancia de los caminos de la Fuerza por lo que el conflicto existe. Y en conclicto, por el bien de todos, permanecerás-
-Fantástico- dijo airado. Yoda volvió a sonreir, satisfecho al comprobar que precisamente esa reacción de Kaydan era la muestra de que para él ya era tarde.

No mucho tiempo después, Nym y yo nos preparamos para el viaje. En el templo nos cambiamos con un uniforme limpio tras darnos un baño y preparar cualquier equiaje de emergencia, ya que desconocíamos cuanto tiempo estariamos rondando por Alderaan. Yuula fue invitada por el consejo a permanecer en el templo el tiempo necesario mientras buscase algún oficio que la ayudase a ganar dinero para hacer su vida. Le darían cobijo, comida y ropa decente, que no la denigrara. Para que se mantuviera ocupada le permitían asistir a cualquier trabajo que no influyera en el adiestramiento de los iniciados, como ayudar con los archivos de la biblioteca junto a la maestra Jocasta Nu. Buenas noticias, al menos. Kaydan, por otra parte, era otra historia. Me encontraba sentado en el jardín interior del templo, frente al Árbol. Allí trataba de meditar. Kaydan seguía en el planeta. Le sentía en su nave. Estaba frustrado y eso me indicaba que en el fondo, encontrarse con Nym y conmigo, venir a Coruscant y conocer el templo le hizo nacer en él un atisbo de ilusión por conocer los designios de la Fuerza, pero el consejo tenía razón en que era demasiado mayor como para aprender a dejar de lado sus emociones... ¿Qué hacer? No era simplemente por lo que el joven quisiera, sino por lo que la galaxia necesitara ¿Era casualidad que aterrizaramos en Kardum, donde él estaba, alguien tan sensible y poderoso en la Fuerza, en estos tiempos oscuros que parecían avecinarse? Si algo tan poderoso había despertado, si una oscuridad tan profunda se aproximaba y pretendía atacarnos... ¿Podíamos permitirnos dejar de lado a un posible aliado tan poderoso? Si los demás maestros conocieran mis dudas seguramente me castigarían severamente, pero no podía evitarlo. Aunque Kaydan tuviese conflicto en su interior, bajo mi atenta mirada podría convertirse en un aliado de la luz... y si Nym prestaba también su apoyo... Pareció que pensar en ella la atrajo hacia mí, pues interrumpió mi meditación al haber terminado todo preparativo. Aseguró que sólo teníamos que tomar una nave y partir -Espléndido- dije, poniéndome en pie -Ve primero. Tengo asuntos que arreglar primero- la chica asintió y comenzó a alejarse -Ah, nos vamos con Kaydan- la chica se giró despacio, sorprendida. Me recordó lo que el consejo había dictaminado, no con cierta amargura en la voz -¿Y he dicho que vaya a entrenarle?- le sonreí -Pero es un buen piloto. No estaría de más llevar también la potencia de fuego de su nave en caso de que tengamos... problemas- Nym no se vio precisamente convencida, pero yo era su maestro y se suponía que sólo por eso era más sabio que ella. Se encogió de hombros y preguntó si era otro de mis pensamientos a la velocidad luz para preveer problemas -Siempre- sonreí. Ella me devolvió la sonrisa y se marchó presta.

Kaydan

-Si pones un pie de nuevo en este planeta, serás ceniza en menos de lo que ruge un Ranthar- dijo el holograma de Jax Haden, lo más cercano que he tenido a un hermano en mi vida, hacía ya unos años -Y no lo digo yo, sino Ercule-
-Estoy harto de los Hutts...- musité, apalancado en el asiento del piloto
-Kay, no puedes pretender seguir así toda tu vida-
-¿Qué tiene de malo mi vida?-
-Desapareces y apareces cuando te da la gana. Por lo general cuando lo haces es porque la has montado buena y regresas cuando crees que el humo ha desaparcido arrastrado por una brisa milagrosa- me regañó -Por mi parte es lo mismo ¿Cuanto hace que no nos vemos? Esta conversación es la primera en años-
-La galaxia es muy grande Jax-
-No con la holored de la República- bufó -Mira Kay... me encantaría darte algo de trabajo o un lugar en el que puedas asentarte, pero no puedo. No aquí en Onaster- su disculpa era sincera, lo sabía a la perfección. Jax era parecido a un hermano porque ha sido, en esencia, mi único amigo. Si sabía pilotar era por él, si sabía disparar era por él. Después lo abandoné sin malas intenciones para acabar uniéndome al clan mandaloriano en mi adolescencia. Fui un estúpido. Pensé que jamás llegaríamos a nada y ahí estaba él, en las fuerzas de seguridad del gobernador de Onaster y del equipo de negociación contra criminales. Carlo Mommo, el gobernador, poco haría por mí, contrabandista del tres al cuarto. Ercule, el Hutt que llevaba los bajos fondos del planeta, quería mi cabeza por aquello de destruirle el hangar de naves cuando le robé el Anima... Sí, Jax tenía razón. No era buena idea regresar a Onaster en el Borde Exterior -¿Puedo saber qué ha pasado, Kay?- preguntó entonces
-¿Por qué iba a pasar algo?-
-Han pasado años desde que eramos unos jóvenes soñadores y sin embargo sigues teniendo la misma expresión en tu cara cuando encontrabas el fracaso en tus narices. Ojos brillantes, mandíbula tensa...- dijo con cariño
-No hables como si fueras mi padre-
-Dijimos ser hermanos una vez-
-Pero hablas como un padre- sentencié -Y no lo eres. Quisiera a mi "hermano", gracias-
-Un hermano puede tomar también el papel de padre-
-Si al menos lo fuesemos de sangre...- bufé
-La sangre es lo de menos. Dime de una vez qué te pasa-
-Crecimos en Onaster tú y yo, buscándonos la vida-
-Sí- asintió
-Era tu hogar-
-También el tuyo-
-No- negué con la cabeza -Sabes que llegué de otro lugar-
-Pero fue tu hogar-
-Sólo durante un tiempo. A donde quiero llegar es... ¿Sabes esa sensación de mirar a tu alrededor y sentir que es el lugar en el que debes estar?-
-Creo que sí-
-Yo en mis 30 años de vida todavía no conozco esa sensación Jax. Quiero encontrar mi lugar en este enorme y gigantesco mar de estrellas de mierda- Jax se echó a reir -¿Qué pasa?-
-Solamente tú podías encajar la palabra "mierda" en un momento de introspección profunda, muchacho. Estabas a punto de madurar-
-Puedes irte a tomar por...- entonces oí pasos en la nave y la voz de Nym llamándome
-Vaya, vaya, vaya- rió Jax -¿Una invitada en el Anima?-
-Cállate- antes de apagar el comunicador, la chica se asomó a la cabina. Pudo ver perfectamente el holograma de Jax mirándola con una sonrisa. Sin duda debió chocarle viendo a un tipejo como yo, lleno de barro seco de Kardum y restos de sangre de Krayt mezclado con el olor de la lluvia y humedad del planeta, hablando con un hombre de excelente trajeado y peinado perfecto, casi ridículo
-Por favor dime que es tu novia- suplicó
-¡Que no!- gruñí
-¡Pues presentame...!- dijo riendo antes de que apagara el comunicador. El muy imbécil no se dio cuenta de que era una jedi, al parecer.
-Disculpa- suspiré -¿Querías algo?- la chica se dio cuenta en ese momento de que Dal no había hablado conmigo antes precisamente, y que le tocaba a ella negociar. Reunió unos segundos de confianza y me comunicó el interés de Dal porque fuese su piloto hacia Alderaan -¿Estás bromeando, no?- sonreí. Ella no me devolvió la sonrisa. Fue clara y concisa -El trato era traeros hasta aquí. No tengo por qué ser ahora el piloto personal de una pareja jedi- ella corrió velozmente el concepto: eran maestro y alumna -Ya sé lo que sois, maldición. Cuanta ofensa por el término de pareja. Eso de que sois ajenos a las emociones os vuelve paranoicos ante frases fáciles de malinterpretar- ella aseguró que era, precisamente, porque eran fáciles de malinterpretar -Bah. Ve y dile a tu maestro que no pienso ser el chofer de nadie. Yo me largo de este lugar. Vosotros buscaos la vida- debió ser la prepotencia en mi voz, o tal vez que parecía un completo desagradecido tras haberme ayudado a sobrevivir a un Krayt colosal, pero Nym terminó, sin querer o queriendo, frunciendo el ceño y sentenciando un seco "bien" que zanjaba la conversación. Se dio media vuelta para marcharse y yo me di media vuelta en el asiento del piloto para encender los motores. Fue en ese momento cuando el ambiente se hizo casi opresivo y una vibración cavernosa nos envolvió por un instante. Un zumbido mudo que nos paralizó a ambos salvo para girarnos despacio y mirarnos. Sentí... su frustración. Sentí su decepción. Su malestar... No hacia mí, sino porque no había podido dar un deseado paso hacia delante. Ella me miraba sin embargo de la misma forma que yo a ella ¿Percibía mis emociones tan cristalinas como yo las suyas? De sus labios escaparon unos susurros "Cuanta soledad..." llegó a decir, antes de que el zumbido desapareciese, el ambiente volviese a ser el mismo y sus emociones fueron un simple fantasma que se desvaneció por completo en el momento en que Dal entró en la cabina del piloto
-¿Y bien? ¿Partimos?- dijo con total certeza de que yo había aceptado formar parte del plan. Miré a Nym una vez más y ella a mí. Si nuestras miradas fuesen cañones laser nos habríamos abatido mutuamente hasta reducirnos en átomos por un instante. Aún sin comprender del todo por qué, me di de nuevo la vuelta y arranqué los motores, preparando el viaje hacia el maldito Alderaan.

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