Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana...
STAR WARS
La Unión de la Fuerza
La galaxia se encuentra en un periodo de paz relativa. Han pasado cientos de años desde el Tratado de Ruusan y los Sith, las fuerzas del Lado Oscuro, han desaparecido. El equilibrio ha vuelto y la Orden Jedi vela por el bien de la nueva República manteniendo el orden y la paz en la galaxia conocida. Sin embargo, desconocen que desde las Regiones Desconocidas se avecina un poderoso enemigo que pondrá en jaque a la República y pondrá a prueba la unidad de la misma, así como un oscuro estremecimiento en la Fuerza que ha despertado tras siglos de letargo, ansioso por devorar toda luz existente.
El maestro jedi Dal Kassel y su aprendiz padawan Nym Tana regresan de una misión de paz en Nal Hutta, en el borde exterior, cuando una oscura voluntad invisible pone en peligro sus vidas y la de todo ser vivo en el universo...
Dal
Me froté adormecido el rostro para terminar bostezando ante aquella situación. La nave era cálida y el asiento de piloto lo bastante cómodo como para no adormilarse viendo ese túnel luminescente que atravesaba el espacio-tiempo al iniciar el salto a la velocidad de la luz. No habían pasado ni unos segundos desde que activamos la hipervelocidad y ya estariamos a años lejos de Nal Hutta y en breve estariamos de regreso al Templo Jedi. Miré a mi lado para ver a mi padawan en el asiento del copiloto. Aún con la mirada brillante ¿Qué tenía Nal Hutta de especial? Ella decía que aunque eran babosos, groseros y pestilentes, una cría Hutt tenía cierto encanto, algo de "monería". Realmente me sorprendía, pese a todo, el corazón de la chica. Me miró entonces al darse cuenta de que la contemplaba. Me sonrió como de costumbre hacía y se preguntó que qué me pasaba -Me pasa lo de siempre, joven padawan- bufé -Me aburro- la chica se mofó de mí. Cuanta osadía. Qué falta de respeto -¿Te parece gracioso, eh?- señaló que solo yo, Dal Kassel, maestro jedi, era capaz de aburrirme en la velocidad luz -¿Y qué puedo decir?- me encogí de hombros -Mi mente va más rápido aún que una nave por el hiperespacio- de nuevo, volvió a señalar lo "extraordinario" que podía llegar a ser, con cierta sorna -Vigila tu tono, mi joven aprendiz- sonreí pícaro -Sería una lástima que tu maestro se negara a aceptar que hicieras las pruebas para ser formalmente una dama jedi- me miró con unos ojos tan afilados que podrían cortar la nave en dos. Le di en su punto débil. Yo sabía que estaba preparada y ella también. Si no lo estaba, al menos le quedaba muy, muy poco. Quizá, tras esa misión en Nal Hutta, en cuanto pusiesemos pie en el templo en Coruscant, la llevaría ante el Alto Consejo y... -¿Qué...?- ambos nos miramos a la vez. Frío. La nave se congeló en un instante. La temperatura descendió hasta el punto de hacernos tiritar... mas no era algo natural. Tanto la chica como yo lo pudimos sentir al instante. Entonces fue cuando la nave se desvió. Un poderoso choque invisible nos arrojó fuera de nuestra ruta hiperespacial. Los sensores comenzaron a pitar, se volvieron locos. Cada luz de emergencia se encendió -¡Apaga el hiperpropulsor! ¡Apágalo Nym! ¡Vamos a chocar!- la chica casi salió volando de su asiento de copiloto, pero consiguió bajar la manilla que activaba la hipervelocidad. Nos vimos a dando vueltas adentrándonos en la órbita de un planeta brumoso -¡Caemos!- ella vociferó que ya se percataba de ello -¡Estabilicemos la nave o se acabó!- ambos agarramos los mandos con fuerza mientras la fuerza de la gravedad del planeta nos centrifugaba dando vueltas dentro de la nave, que como una peonza de chatarra amenazaba con incrustarse de lleno en el planeta. Ante nuestra nerviosa mirada se abrían las negras nubes del planeta para dar paso a una tormenta terrible. Relámpagos y lluvias torrenciales azotaban las cenagosas tierras de aquel planeta. Kardum. Seguíamos aún el Borde Exterior ¿Cuanto nos había desviado ese golpe? Nym me sacó de mis sorpresa cuando anunció que tenía el control de nuevo. Al recuperar mi autocontrol, la ayudé con los mandos. Me castigué severamente a mí mismo mentalmente. Mi padawan había sabido manejar la situación con más calma que yo y eso no debía ser así, pero a su vez... ¿Ella habría sentido lo mismo que yo? ¿Ese estremecimiento, esa perturbación en la Fuerza que me había llenado los ojos de lágrimas?
La nave dejó de dar vueltas y nos vimos en la obligación de aterrizar, ya que el hiperpropulsor estaba dañado debido a aquel choque. Los sensores no dejaban de alertar de diversos fallos también que debían ser reparados y ese desvío nos costaría, además, algo más de combustible que seguramente no nos diese para regresar a Coruscant de un sólo salto. Afortunadamente, sabía que Kardum era otro planeta más del Borde Exterior: un nido de ratas, contrabandistas y vendedores del mercado negro que a cambio de favores o un buen puñado de créditos nos darían lo que necesitábamos. Siendo así, dejamos que la nave se posara lo más suavemente que podía en mitad de una colina embarrada. Por suerte, el lodo amortiguó el aterrizaje, aunque debido a los daños en la misma, patinó ligeramente sobre el barrizal hasta quedar completamente detenida. Silencio. Nym y yo mantuvimos una ligera paz durante unos segundos al ver que nuestras vidas estaban a salvo. Entonces la chica sonrió y señaló que todo podría haber salido mucho peor -Tienes razón. Podriamos haber perdido la vida- O la nave al completo, señaló la padawan. Decidimos bajar de la misma para hacer una ligera inspección de los daños exteriores, no sin antes ponernos las capuchas de las túnicas debido a la torrencial lluvia que caía sobre nosotros. Fuera, podiamos apreciar que la nave humeaba. Demasiado para estar bajo la lluvia, y no estaba refrigerando. Nym se preguntó si conseguiriamos los materiales necesarios para repararla -Eso espero, mi reflexiva aprendiz- me crucé de brazos y torcí el gesto con cierta preocupación -No llevamos créditos suficientes para todo el arreglo que necesitará... Mucho me temo que vamos a tardar bastante en solucionar ese problema- Nym se cruzó de brazos, de nuevo reflexionando si conseguiríamos algún trabajillo por el que cobrar los arreglos -¿Dos jedi en el Borde Exterior? Lo extraño sería que no tuviesemos algo que hacer- bufé -Cualquier patrocinador de juegos sucios o prestamistas estarán deseando echarnos el guante para que les arreglemos las vidas. Siempre han pensado que la Fuerza es una herramienta para el propio beneficio- Nym recitó en ese preciso momento parte de mis enseñanzas: "Somos nosotros las herramientas de la Fuerza, por y para el equilibrio de la misma" -Aprendes, querida padawan- nos dedicamos una sonrisa mutua hasta que un ligero pitido llamó nuestra atención. El intercomunicador holográfico. Al sacarlo del bolsillo y mostrarlo en la palma de mi mano, la figura de un maestro jedi reconocible por Nym hizo acto de presencia: Ulric Quasar -Maestro Quasar- asentí reverente. Nym le saludó más alegre y efusiva, menos ceremonial
-Maestro Kassel, Nym- saludó a ambos al reverenciar la cabeza. Era un zabrak de piel ligeramente morena. Las marcas y tatuajes tribales estaban completamente borrados de su faz -Llevo largos minutos tratando de contactar con vosotros ¿Dónde estáis?-
-Me temo que tenemos ligeros problemas- miré de nuevo la nave -Ha sucedido algo-
-Sí, ha sucedido algo- me interrumpió con tono preocupado -He de deducir que no habéis recibido el aviso- Nym le preguntó que de qué aviso se trataba -El Alto Consejo jedi ha emitido un aviso de urgencia a todos los jedi de la galaxia y al alcance de la holored. Mucho me temo que es un asunto de vital importancia. Se os requiere en el templo cuanto antes. Sobretodo a ti, maestro Dal, pues eres miembro de la cámara del consejo-
-Comprendo- asentí -Pero nuestra nave ha sufrido graves percances. Tendremos que buscar la forma de repararla-
-Que sea de inmediato. Y de cualquier forma posible. La reunión no dará comienzo hasta tu regreso y debemos tratar el asunto cuanto antes- Nym comenzó a preocuparse ¿Qué es lo que ocurría? Ulric se mantuvo en silencio unos instantes, dubitativo y meditabundo -Habéis sentido un enstremecimiento en la Fuerza- no preguntaba, afirmaba. Y eso me asustó. Suprimí mis emociones tan rápido como pude. Nym me miró, aunque yo no aparté la vista del pequeño Ulric holográfico en mi mano -Sé que lo habéis sentido. Hasta el más joven iniciado lo ha sentido. Tememos por su integridad mental. Ha sufrido una grave conmoción-
-Sí- asentí -Lo hemos sentido. Creo incluso que ese pulso de la Fuerza ha sido lo que ha derribado mi nave-
-Es posible, no eres el único al que le ha sucedido. Nos llegan noticias de todo el Núcleo y el Borde Medio. Los Senadores se van a reunir de urgencia. Ahora mismo cunde un ataque de pánico a escala galáctica. Nadie sabe a qué se debe semejante fallo en todos los sistemas-
-¿Quieres decir que no sólo a los jedi nos ha sucedido esto?- fruncí el ceño
-Según las noticias, no, no sólo a nosotros. Al parecer decenas de naves comerciales, de transporte e incluso estaciones espaciales de la República han sufrido daños si no han sido derribadas. Empiezan a contarse muertos, Dal-
-Esto... no es natural-
-No, no es natural- concluyó Ulric -Así que estad listos lo más rápido posible y regresad al templo-
-Estaremos preparados. Di a Yoda y a los demás que me esperen. Si consigo algo de información en lo que reparo la nave, la brindaré-
-Sí, Maestro Dal- asintió ceremonioso Ulric -Nym- se dirigió a la chica -Obedece a tu maestro. En todo cuanto se te diga- la regañó sin razón, como un padre que teme por su hija, a modo de prevención -Manteneos a salvo- la conexión se cortó finalmente. Guardé el comunicador en la túnica de nuevo. Nym me miró confusa. No sabía qué era lo que ocurría
-No te preocupes, mi joven padawan, todo estará bien- sonreí para calmarla, aunque no parecí convencerla ¿Cómo hacerlo, si yo no estaba convencido? Lo sentí. Sentí el frío tan bien como ella. Sentí el inmenso abrazo de la oscuridad rodeándome en un sólo instante. Los ojos vacíos del odio, la ira, la rabia y el miedo atenazándome. Tentándome. Llamándome. Me susurraba al oido el lamento de a quien una vez perdí. El simple recuerdo hizo que me escocieran los ojos. Nym me puso una mano en el brazo para asegurarse de que todo iba bien, pues al parecer, me había quedado pálido de un momento a otro -Ah, oh... Sí, es sólo que mi mente ha vuelto a ir más rápido que la velocidad luz. Ya estaba en Coruscant de hecho- Nym bufó. Aseguró que si podía seguir diciendo tonterías, sí estaba bien -Claro que sí- le di una suave palmada en el hombro -Ahora vamos. Busquemos refugio de esta tormenta y preguntemos. No será tan difícil reparar los daños. Como bien dijiste, podría haber sido peor- nos dimos la vuelta y comenzamos a caminar hacia, donde yo recordaba, estaba el pueblo de Toran Tor o como le llamaban en básico galáctico, Nido de Arañas. Lo que no esperamos fue que en apenas unos pasos, un extraño silbido llamase nuestra atención. Nym y yo nos miramos con los ceños fruncidos para despacio, voltear hacia la nave. En ese preciso instante estalló en pedazos. La llamarada ascendió hacia el cielo tormentoso a pesar del aguacero. Nym chasqueó la lengua y tardó unos instantes en preguntarse cuanto nos iba a costar ahora la reparación -La Fuerza nos guiará- dije, simplemente, serio y perturbado -Sí... la Fuerza siempre nos guía- refunfuñé antes de darme la vuelta y seguir caminando. Nym comenzó a seguirme comentando en que nos guiaba pero con un sentido del humor muy macabro. Mi joven y querida padawan, no tenía ni idea de cuanta razón tenía.
Kay
-Va, para ya de una vez- musité, dando un trago a la bebida. Era fuerte. Verdadero prug de Catoda. Me hirvió la garganta como si me hubiesen disparado un blaster en la boca y me recorriese el esófago hasta las entrañas. Dejé el vaso con un impacto seco sobre la mesa ronda y negra. La twi'lek que me servía no dejaba de cariciarme la cara con la barba mal afeitada y el pelo desgreñado. Me acariciaba el torso, intentaba abrirme la chaqueta -Para- repetí con la paciencia agotándose. Sus manos penetraron más hondo en la chaqueta y se dirigieron hacia los pantalones. Suficiente. Le agarré las manos y se las levanté, tirando de ella hacia mí -Te he dicho que pares, Yuula- gruñí. La chica twi'lek me miró con miedo
-Necesito clientes Kay- dijo con voz ligeramente quebrada -Ganthu me matará- musitó
-Ganthu no te hará nada. No al menos por mí-
-Pero sé que tú no me harás daño. Los demás... en cambio...- la miré de arriba abajo. Me daba lástima. Me daba asco. No ella, sino el trato que recibía. Era tan joven como lo podía ser una twi'lek que acaba de considerarse "adulta". Tenía un precioso tono azulado en la piel y unas curvas de escándalo. Era, a vista de muchos visitantes en Nido de Arañas, la mercancía más hermosa que jamás habían visto... y tocado. Ganthu se la compró hacía unos años a Rasula, una Hutt contrabandista que estaba de paso. Apenas era una niña y no sabía lo que era vivir. Básicamente la había visto crecer, a pesar de que ya era lo que se podía considerar una muchacha joven cuando llegó, mentalmente era lo más puro que había pisado antes un hervidero de mierda como era Kardum. Ahora ya sabía la verdad y siempre acudía a mí. Maldita sea el momento en que decidí ayudarla. Era una fuente inagotable de problemas. Siempre buscaba que cualquier servicio fuese para mí, porque yo no le pegaba, no le insultaba, no le decía cosas desagradables y más importante: no le hacía cosas desagradables. Sé que soñaba con el día en que llegase cargado de créditos y la alquilara una semana entera para mí, o más. Sé que prefería meterse en una cama o incluso una vieja cápsula de salvamento oxidada conmigo antes que en un palacio con cualquier otro que pisara la cantina, pero no podía ser. No podía permitirme complacer ese deseo, o sería peor. Ya dependía demasiado de mí para cualquier problema. Si ahora le permitía ser su válvula de escape, si ahora le concedía ser el único que la tocaba, al único al que le hiciera cualquier cosa que la obligaran a aprender... estaría en más problemas de los que ya estaba. Y no quería involucrarme tampoco en líos sentimentales. Yo no podía corresponderla.
-Lo siento, preciosa- dije sin más, jugando con la copa -Pero no soy ningún héroe que pueda aparecer por esa puerta para llevarte en mi flamante nave a surcar las estrellas- sé que la herí, sé que se enfadó y me sirvió para que me dejara en paz... pero no lo suficiente. Volvería después del siguiente cliente, volvería a suplicarme. Y yo volvería a rechazarla. Volvería a ser un mierda incapaz de ayudar a nadie. Incapaz de ayudarme a mí mismo -Cleib- alcé la mano. El bizz camarero se acercó. Estaba tuerto y le faltaba una mano. Su carrera musical acabó hacía mucho tiempo -Traeme otra, haz el favor- el camarero asintió y se llevó el vaso para llenármelo. Al quitarse de mi vista vi de frente la puerta. Unos tipos con unos trajes muy reconocibles, con esos llamativos cascos con visor en forma de T fueron entrando uno a uno y mirando por todas partes. Mandalorianos. Oltross y su gente -Maldita sea... Mierda- me agazapé en la mesa. Estaba en serios problemas...
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