martes, 19 de diciembre de 2017

Nym


Tenía un mal presentimiento. Las cosas no estaban sucediendo de la manera en la que estaban previstas, de forma que no podía dejar de pensar en la urgencia del Consejo para entablar una reunión a la que aún no habíamos llegado, y a la que quedaba llegar. -Maestro, creo recordar que tenemos prisa- murmuré en voz baja, siguiendo los pasos que el joven desconocido estaba tomando.
-Así es-
-¿No sería un camino más rápido barajar otra opción?-
-Esta es la opción más rápida. Saldremos al amanecer de Kardum-
-¿Tu crees?- pregunté, arqueando una ceja, al contemplar como el hombre corregía su rumbo inicial para ir ahora a la cantina. Cuando Dal se percató de ello, aceleró el paso hasta llegar a la altura de Kay. Éste sin embargo, pareció no querer escuchar o recibir consejo. Con oídos sordos y mirada aburrida, se adentró en la cantina de la misma forma que lo había hecho horas antes. No supe si con aquella actitud, pensaría que nos alejaríamos de él y le dejaríamos en paz. Si era así, podía darse por vencido, pues nos sentamos cada uno a cada lado del joven. Capté el especial interés de Dal en él, así que a mi, como alumna, no me quedaba otra opción. -No sabía que la bebida proporcionase especiales habilidades para combatir contra un Krayt- comenté con sorna mientras servían una bebida al joven.
-¿Pensabas dejar de lado el negocio?- preguntó Dal por su parte, provocando que el joven bufase. Con voz cansada, aseguró que ambos eramos una pareja de lo más pintoresca. Luego, dio un trago a su bebida y admitió no estar huyendo, sino pensando. Pensando como encontrar al Krayt.
-Kardum es de proporciones menores a la media del resto de planetas del Borde Exterior. No debería suponer ningún problema. Además, dijiste que sabías donde estaba- añadí. No se si ofendí, o simplemente provoqué risa interior a Kay, pues me dedicó una mirada de lo más extraña, para luego asegurar que sí sabía donde estaba, pero no sabía somo sacarlo de su escondite -¿Hay Rontos en Kardum? ¿Dewbacks?- negó con la cabeza -¿Banthas?-
-La última vez que estuve aquí, pude ver varias granjas con mandas de Banthas. Deben soportar bien este clima-
-En ese caso, sólo se me ocurre que podamos usar a un Bantha como reclamo para animarlo a salir, y de paso, como entretenimiento mientras le atacamos. Tendremos que comprarlo a algún granjero. ¿Cuantos créditos piden por un Bantha en Kardum?- fruncí el ceño. Kay alzó una mano en aquel instante, asegurando que estaba hablando y planeando demasiado rápido. El objetivo era un Krayt, y no un Krayt cualquiera, uno colosal.
-Quizá los pocos créditos que tenemos sirvan de algo, siempre y cuando los acepten como moneda de cambio aquí- comentó Dal, haciendo que pareciese que ninguno de los dos hubiésemos oído al hombre. Éste, se terminó la bebida de un largo y constante buche. Dejó el vaso sobre la mesa junto con un par de monedas y se volvió a poner en pie.
-Vaya, parece que la bebida ya ha proporcionado las habilidades- me burlé sin maldad, siguiendo una vez más al joven hasta la salida de la cantina. Antes de salir, me fijé en que la Twi'lek me miraba con cierto aire de preocupación. Quizás... con suerte...

Kaydan explicó durante el camino bajo la lluvia, que el Krayt se escondía en unas grietas ubicadas en las paredes de un acantilado, a varios kilómetros del poblado. Pocos sabían de la existencia de aquella enorme especie, pues aseguraba que se mantenía, extrañamente, oculto durante todo el día tras la grieta desde hacía unos años. Salía a cazar de noche y poco. Los pocos que sabían de su existencia, se habían aventurado a cazarlo para obtener la perla de su interior, pereciendo en el intento. -¿Y tú te has aventurado a cazarlo?- pregunté. Él esbozó media sonrisa. Ya lo dijo en la cantina. Era un contrabandista. -Aun así extraño que poca gente sepa de la existencia de una criatura tan enorme. No debe gustarle mucho la lluvia...- sonreí.
-No es la primera vez que se encuentran criaturas que pertenecen a otros ecosistemas en planetas recónditos, especialmente en aquellos que sirven de punto caliente para los intercambios- explicó Dal
-¿Un contrabandista descuidado tal vez? Quizá llevaba más de uno en... a saber que tipo de nave. El mandaloriano habló antes sobre otro Krayt- Kaydan no estuvo por la labor de comentar nada.
-Sea como fuere, prudencia. No es una criatura a la que debamos subestimar-

Con ayuda de Kay, encontramos una granja alejada de Nido de Arañas, la cual custodiaba una sola mujer, viuda y algo mayor. Dal me pidió que fuese yo quien pidiese el intercambio de los créditos por el único Bantha que la mujer parecía tener. Dal debía tener buenas intenciones en pedirme aquello, como parte de mi adiestramiento, pero yo sentí que algo se me estrujaba en el interior al tener que hacer tal cosa. Teníamos prisa. Contemplar otra opción ya no estaba en nuestros planes. Conseguir aquel Bantha era nuestro único objetivo. Sentí que el corazón se aceleraba un poco cuando, tras llamar a la puerta de su granja, la mujer me ofrecía cobijo de la lluvia sin tan siquiera conocerme. Me negué a tal hospedamiento y le expliqué rápidamente que necesitaba aquel animal a cambio de todos los créditos con los que contaba. Ella, con rostro triste, explicó que no podía hacerlo. Su Bantha era su único medio de transportar los productos artesanales que ella confeccionaba hasta los poblados colindantes para poder venderlos. Me sentí contra la espada y la pared. No quería usar la Fuerza... no quería. Tenía que haber otra opción. Quizá otra granja... Antes de marcharme con las manos vacías y una explicación convincente en mente que darle a Dal con la que excusarme, la mujer me tomó de la muñeca. Con su arrugada mano acarició la pequeña trenza que colgaba de mi nuca. Luego, apartó mi túnica de mi cadera, descubriendo el sable descansando en el cinto. Tomó la bolsa de créditos que previamente le había ofrecido y me cedió el Bantha con una pequeña y triste sonrisa. Por último, se encerró de nuevo en su granja. No percibí miedo en ella... sólo respeto.

Llevando al Bantha de unas finas riendas, llegamos hasta la grieta que Kay había señalado. Justo como imaginaba, estaba en mitad de una enorme explanada deshabitada y arenosa, a pesar de la intensa lluvia. Examiné con detenimiento el relieve del acantilado. Había algo que no me cuadraba. -Esa grieta es demasiado pequeña para un Krayt colosal. ¿Estas seguro de que el Krayt del que hablas tiene ese tamaño?- Kay asintió
-La lluvia- señaló Dal -La grieta ha debido cerrarse tras algún desprendimiento-
-En ese caso...- me aventuré a acercarme a aquella abertura, despacio, tirando del Bantha.
-Prudencia, Nym- oí decir a Dal minutos antes de soltar al animal y dejarle caminar a su paso por aquel lugar. Mentalmente, medí la distancia prudente entre la grieta y yo. Cuando apartase las piedras que colapsaban la salida, era posible que la criatura saliese y no me convenía estar demasiado cerca. Tomé aire y alcé las manos con las palmas abiertas. Al momento, las piedras de la grieta se alzaron todas a la vez, levitando lentamente al rededor de la abertura. El rugido del Krayt no se hizo esperar. Las paredes de piedra temblaron, sobretodo cuando salió disparado en dirección al Bantha. Vi claro el ataque y la estrategia a seguir con aquellas piedras levitando. -¡Nym!- El grito de Dal me distrajo y las dejé caer. -¡Aquí!- sacando el sable del cinto, me acerqué rápidamente a él, al contrario que Kay, quien ya se aventuraba a cazar a su presa.
-Maestro, podría haber sido rápido-
-Pero no adecuado. Deja a Kay-
-¿Por qué? Él solo no podrá-
-¿A caso no lo sentiste, mi joven aprendiz?- La mirada de Dal se tornó seria. Sabía de lo que hablaba.
-Sí... Él... Él parece tener...-
-Quiero que lo demuestre. Si lo demuestra, tendré asuntos que tratar con el Consejo- explicó, sacando también su sable para estar en guardia. -Finge que ayudas, pero déjale el problema a él, Nym- Dal comenzó a acercarse al Krayt, que ya había empezado a sospechar que le estábamos rodeando mientras se zampaba al Bantha con sencillos bocados.
-Pero es demasiado mayor, Maestro-
-Tu eras demasiado pequeña-
-No es lo mismo-
-No, pero la Fuerza parece fluir en él de igual forma. Puede que de este pequeño accidente, saquemos algo bueno a pesar de todo: Un nuevo adepto- Dal encendió su sable y corrió hacia el Krayt. Yo me quedé mirándole marcha. ¿Y sí...? ¿Podía ser que Dal estuviese pensando... encargármelo a mi? Significaba que... ¿Iba a convertirme en Dama? ¿Por fin? Sonreí repleta de orgullo y encendí mi sable azul. Estaba ansiosa porque todo terminase.

Pero por desgracia, las cosas no iban a transcurrir tan rápido.

El Krayt era demasiado grande, demasiado salvaje y demasiado fuerte para Kay, quien disparaba su blaster en vano contra la criatura. Esquivaba, esquivaba tanto o más que yo, reteniendome para no atacar como realmente sabía. Vi el sufrimiento y el cansancio en el rostro del joven. Estaba al límite, y finalmente, cayó al suelo fangoso y el Krayt se fijó en él. -Nym, no. Aún no- ordenó Dal a mis espaldas.
-¡¿Y si no puede?!-
-¡Podrá! ¡Lo he sentido en él!- A pesar de las ordenes de Dal, yo no tenía tan clara aquella esperanza en el hombre. Con el aliento entrecortado, observé como la criatura se cernía sobre él con las fauces abiertas y él... él no demostró nada. -No... no puede ser- Dal volvió a encender su sable. Y Kay nos miró, aun en el suelo. Con la mano extendida y la voz cansada, me pidió ayuda. Ayuda.

Ayuda.

Dal ya estaba dejando al Krayt a ralla y apartándolo de Kaydan cuando yo aún estaba quieta en mi sitio. Esa voz... esa forma de pedirme ayuda... ¿Por que me sonaba tan familiar? ¿Tan cercana? ¿Tan íntima? No pude oír a Dal gritándome para que le ayudase y saliese de mi ensimismamiento hasta unos segundos después. Agité el rostro y encendí de nuevo el sable. No. No pasaba nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario